50 años de la muerte de Salvador Puig Antich

Tomás Gil, hijo del comisario que detuvo a Puig Antich: "He querido pedir perdón por dignidad"

Policía y profesor de derecho, recuerda cómo su padre vivió la ejecución del joven anarquista

Barcelona"Mi padre fue una pieza importante del engranaje que provocó la muerte de Salvador Puig. Esto no podemos cambiarlo, pero lo que sí podemos hacer es explicarlo. Porque, si no lo hacemos, se olvida la historia. Hubo una manipulación, falta de garantías y una alteración de la verdad", reflexiona Tomás Gil Márquez, quien fue policía durante 43 años y profesor de derecho constitucional en la Universidad Autónoma de Barcelona durante 35 años. Su padre era Juan Gil Mesa, el comisario jefe de la Sexta Brigada Regional de Investigación Social que en septiembre de 1973 se encargó de la detención y el interrogatorio de Salvador Puig Antich.

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Tomás Gil ya pidió perdón a las hermanas de Puig Antich: "Pedir perdón no es un tema de cobardía sino de fortaleza, de dignidad. Es muy importante explicar lo que pasó y ponerse en el lugar de esas personas que tuvieron la desgracia de caer bajo las garras de un sistema represor –asegura Gil–. Cuando se marche de este mundo, lo haré con la conciencia tranquila porque hice lo que consideré que me tocaba”. Hacerlo ha tenido sus consecuencias. Tomás Gil no tiene relación con sus tres hermanas. "Hemos cogido caminos distintos. No he hecho tantos años de derecho ni me he leído tantos libros de derecho para después no hablar de cosas porque simplemente me resultan incómodas", dice.

Gil opina que en el caso de Puig Antich lo que ocurrió realmente no se plasmó en los diferentes informes. "Actualmente, cuando hay una muerte causada por un arma, se investiga de dónde han salido los disparos, qué arma les ha disparado. Esto no se hizo. Y, aunque las balas que mataron al policía Francisco Anguas hubieran salido de la pistola de Salvador Puig Antich, no sería un asesinato, porque fue en medio de una disputa; sería un homicidio. Y, evidentemente, la condena no sería la pena de muerte".

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Anticomunista furibundo

Policía jubilado y exprofesor de derecho, formó parte de las primeras promociones de la policía tras la dictadura, y explica que amaba a su padre. "Lloré en su funeral, pero eso no quiere decir que no pueda cuestionar lo que hizo", explica. "Mi padre era licenciado en derecho y en criminología, tenía una buena cabeza para estudiar y muy buena memoria. Hizo las oposiciones y se hizo policía. Estaba entregado en cuerpo y alma a la causa franquista. La vez que le vi. más enfadado fue cuando se legalizó el Partido Comunista. Para él fue traumático. Entonces estaba destinado a Bilbao. Entró gritando, encendió la televisión y golpeó la mesa. El hecho de que se legalizara el Partido Comunista no estaba en su agenda", añade.

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Tomás Gil nunca tuvieron conversación alguna con su padre sobre el caso Puig Antich, pero sí vio cómo se vivía todo en su casa. La detención del joven militante del MIL fue la tarde del 25 de septiembre de 1973. Ese día, Tomás volvía a pie del instituto. "Cuando llegué a casa, mi padre estaba muy enfadado, porque quería ir al lugar de la detención, pero el coche que debía llevarlo allí no se ponía en marcha. Estaba muy alterado", recuerda. Juan Gil no regresó a casa para cenar. Meses después, el 2 de marzo de 1974, Puig Antich fue ejecutado. "Era un sábado y era un día muy gris. Mi padre almorzó más temprano, hacia la una. Llevaba una camisa blanca y estaba muy pálido", asegura Tomás Gil. "Hizo un comentario que nunca me he quitado de la cabeza. Le dijo a mi madre que, cuando le pusieron el garrote vil a Puig Antich, él tenía una mirada serena. Espero que todo le hiciera reflexionar".

Tomás Gil cree que quizás su padre estaba tan entregado a la misión de acabar con los comunistas porque a su abuelo le detuvieron milicianos del Frente Popular y estuvo encerrado en dos campos de trabajo republicanos durante la Guerra Civil. "No creo que se hiciera policía por vocación. Tenía un amigo que se preparaba las oposiciones y era un trabajo en una España en la que había mucha miseria", asegura. En la policía tuvo una larga carrera y fue ascendiendo hasta llegar a comisario. Hacia finales de los años 60, Juan Gil hizo oposiciones en Madrid para obtener la plaza de comisario. Después de unos meses en la capital de España, le destinaron a la antigua comisaría de Sabadell donde, a principios de los años 70, la policía reprimió con mucha brutalidad toda la actividad antifranquista. Su siguiente destino fue Via Laietana, una comisaría de funesta fama por las torturas que se practicaron a lo largo de toda la dictadura. En 1973, cuando se produjo la detención de Puig Antich, era el jefe de la Brigada de Investigación Social de la Jefatura Superior de Policía, y dirigía con mucha eficacia la unidad cuya misión era aniquilar todos los movimientos sociales y políticos que el régimen consideraba una amenaza.

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Un "retiro dorado"

Cuando en noviembre de 1975 murió Franco, Gil seguía teniendo ese cargo. "En marzo de 1976, el director general de Seguridad, Víctor Castro Sanmartín, le llamó y le propuso dos destinos: Valladolid o Bilbao. Mi padre, que era un radical, escogió Bilbao. Se marcharon con la madre y mis tres hermanas; yo no quise ir", detalla Tomás, que defiende que Via Laietana sea un espacio de memoria que recuerde la represión y las torturas que sufrieron los luchadores antifranquistas. "Mi padre tuvo un retiro dorado", concluye Tomás. Los últimos dos trabajos que tuvo el excomisario de Via Laietana fueron delegado de la frontera sur de España y jefe de la Brigada contra el Juego de Catalunya y Baleares.