Un país de ciencia

Verdura fresca gracias a los volcanes

Para conocer los volcanes dormidos pero no extinguidos vale la pena visitar el Espacio Cráter y subir al Montsacopa

31/07/2026 - 08:02 h.

Gracias a los volcanes la verdura se puede conservar más fresca. Sí, los que lo hacen posible son los bufadores, pequeñas aberturas entre las rocas volcánicas por las cuales sale una ligera corriente de aire a unos 12 °C todo el año, pero con más fuerza durante el verano. Las masías, y los campesinos que hacían toda la jornada en la huerta, aprovechaban los bufadores como neveras.

En el Mas Bufador Vell (Olot) hay una gran cámara semienterrada alimentada por un sistema de bufadores. ¡En plena canícula, hay que entrar abrigado! Algunos paradistas del mercado de Olot alquilaban este sótano para guardar alimentos hasta mediados del siglo XX. Este es uno de los numerosos beneficios de los volcanes. Hay muchos más: proporcionan roca para construir, suelo fértil...

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En la Garrotxa hay unos cuantos ejemplos que ponen de manifiesto que el suelo volcánico es bien fértil. Es el caso de las alubias de Santa Pau, blancas, menudas y redondeadas, de un gusto muy suave. Y de la Fageda d'en Jordà, que crece encima de una colada de lava dura y accidentada que es de muy mal arar.

He quedado con Isaac Camps, geólogo y editor científico, autor de la guía excursionista Volcans de Catalunya, para subir al volcán de Montsacopa –se llama así porque en su cima hay un hoyo o “copa”: es el cráter–. Es uno de los volcanes más jóvenes de la comarca, "solo" tiene 20.500 años. Tiene forma alargada, de una alpargata. Como los otros volcanes de la Garrotxa, es monogenético, es decir, “hecho de una tirada”: entró en erupción un buen día, estuvo activo con más o menos virulencia un periodo (¿días? ¿meses?) y se paró indefinidamente. En cambio, los volcanes poligenéticos, de mayor volumen, están activos durante cientos de miles o incluso millones de años, como el Teide o el Fuji.

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Subiendo al Montsacopa, una caminata de diez minutos, vemos a banda y banda del camino pequeñas piedras porosas, que aquí llaman greda o tosca. "¿Pueden volver a ser lava, estas piedras?", pregunta Fàtima, la pequeña de casa, de 12 años, que hoy me acompaña. Son preguntonas de cuna, los niños, y ella no es una excepción. Preguntar es la puerta de entrada al conocimiento. "Sí, pero haría falta que estuvieran en un horno a unos 700 grados de temperatura para que se empezaran a fundir", responde Isaac. "¡Uy, eso es mucho!", exclama Fàtima. "Piensa que la punta de un cigarrillo cuando se da una calada puede llegar a los 950 grados", precisa Isaac.

A mí me interesan cosas más prácticas. "¿Puede volver a entrar en erupción este volcán?", pregunto. "Este no. Pero no se puede descartar en un futuro una erupción en la comarca", me responde. "Tenemos un vulcanismo adormecido, pero no extinguido", añade, y se me pega la palabra vulcanismo... con u, claro, pero ¿no debería ser con o si viene de volcán? Cosas del lenguaje.

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"¿Se puede predecir una erupción volcánica?". "Sí, cada vez más. Las zonas que tienen riesgo volcánico, y este es el caso, se monitorizan: se auscultan los pequeños temblores que genera el magma al ascender, se analizan los cambios en los gases que emanan del subsuelo... Si se hace bien, esto daría suficiente margen de tiempo para evacuar".

"¡Parece carbón de Reyes!, dice Fátima, observando una tosca rojiza (es de este color la más cercana al conducto volcánico; las negras, en cambio, son las que caen más lejos).

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Ahora estamos dentro del cráter. "Antiguamente era más hondo y más empinado. Se cuenta que los niños de Olot venían a jugar aquí, a deslizarse con cacharros y hacer la croqueta. La actividad agrícola –tiempo atrás se cultivaba aquí, en el cráter– y la erosión de las laderas lo han ido llenando de sedimento y le han dado la forma actual".

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Rodeando la cima del volcán, reconocemos unos cuantos barrios de Olot. Tenemos a la vista el de Sant Pere Màrtir, de casas blancas y sencillas, con jardincito y porche, erigido a principios de la década de 1950. Fue creado, en parte, para acoger la inmigración de la comarca que venía a trabajar al textil. También vemos la gran llanura del valle de Bas, que ha sido creada por los volcanes: la lava cerró el paso al río Fluviá, este se represó y formó un gran lago.

Entonces Isaac me muestra una lámina plastificada. Es un dibujo que sale en Principios de Geología, libro fundacional de la geología moderna. Es un dibujo de Olot donde están sus tres volcanes: el Montolibet, el Montsacopa y la Garrinada. Ahora hay más casas y más bosque, claro. El dibujo lo hizo el escocés Charles Lyell, "padre de la geología moderna". El verano de 1830 Lyell quiso conocer los volcanes de Olot e hizo un viaje a lomos de una mula. Visitó no solo la Garrotxa, sino también muchos otros lugares de Cataluña.

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Bajamos por una pista cementada, donde hay un viacrucis. A los pies del volcán de Montsacopa está el Espai Cràter, un nuevo museo (abierto en 2022, postpandemia, pues), construido dentro del Puig del Roser, una especie de pequeño volcán. Es mi segundo objetivo de hoy. Vale la pena visitarlo solo para conocer el edificio semienterrado, realizado por los arquitectos Anna Codina y Toni Casamor, de VOL Studio Architecture. Todo el edificio recuerda un volcán.

El Espai Cràter explica de manera muy didáctica –mejor que cuando me lo explicaban en la escuela; en esto se ha progresado–, cómo funciona el volcán, qué tipos de volcán hay... No olvida información local, por ejemplo la campaña “Salvemos los volcanes”, que surgió en la Garrotxa en los años 70. Durante muchos años los camiones se llevaban toneladas y toneladas de greda para la construcción. Algunos de los agujeros excavados se convertían en vertederos. Por suerte, todo esto ha cambiado. Ahora está prohibidísimo meterse una piedra volcánica en el bolsillo.

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Puentes, iglesias, muros y viviendas construidos con piedra volcánicaLos volcanes de la Garrotxa proporcionaron durante siglos greda y basalto, materiales muy versátiles que se utilizaron para construir puentes, iglesias, muros y viviendas. Este uso tradicional dio lugar a una arquitectura propia, oscura y robusta. También hay cabañas y barracas hechas con piedra volcánica.