45 años del Taller de Músics
No es tarde para hablar de ello porque lo que es y lo que representa es importante: se trata del Taller de Músics, una de las aventuras más interesantes y exitosas de la vida cultural barcelonesa de las últimas décadas. En concreto, el Taller de Músics ha cumplido cuarenta y cinco años, y para celebrarlo ha llevado a cabo una programación de actos que tuvo su traca final el pasado diciembre, y que ha acompañado de la publicación de un libro conmemorativo que es un lujo tanto por la edición como por el contenido, y también de cambios importantes de organigrama.
Hablar del Taller de Músics es hablar de Lluís Cabrera, que ha dedicado su vida como fundador, impulsor, conspirador, presidente y todos los papeles imaginables que se puedan hacer en torno a un proyecto que ahora todo el mundo aplaude pero que, cuando nació, fue recibido con incomprensión, con indiferencia y, alguna vez, con hostilidad. Ahora, Cabrera ha dejado su presidencia (pasa a ocupar la presidencia de honor), y el nuevo presidente de la entidad y escuela superior de estudios musicales es Joan Manuel Tresserras, que fue consejero de Cultura y Medios de Comunicación con el segundo tripartito (un excelente consejero, creo que ahora ya se puede decir) y uno de los teóricos destacados. A su vez, se incorporaron al patronato del Taller de Músics diversas personalidades, entre ellas músicos estrechamente vinculados a la casa como Miguel Poveda, Juan Albert Amargós o Santiago Auserón, que también aportan materiales al libro.
La aportación del Taller de Músics en la cultura catalana es artística, académica y social. Que lo que empezó como un modesto local y medio clandestino en el Raval de los años ochenta para tocar flamenco, jazz y músicas de fusión se haya convertido a lo largo del tiempo en una escuela superior de estudios musicales de prestigio internacional, que complementa y refuerza el tejido de la educación musical en Cataluña, es un prodigio que se ha hecho a base de música espacio de diálogo. También en la capacidad de un país, Cataluña, de ser propicio a las largas y amplias miradas, lugar favorable para los espíritus pioneros y el pensamiento avanzado y libre. Esto ha sido siempre así y lo sigue siendo: ahora que unos pocos barbotean, a ambos lados, un rosario de collonadas en torno a una idea sin ningún contenido ni sustancia (los charnegos y el charneguismo), es más que saludable fijarse en alguien como Cabrera, que hace tiempo que tiene su encaje en Catalunya vivido y pensado. Cabrera es un hijo de Candel que ha recorrido el largo camino que va delunderground y la resistencia a la academia y las instituciones, de perderse en las noches viciosas de los tablaos con el grandioso Enrique Morente a celebrar cuatro décadas y media de un Taller de Músics donde se han formado figuras como Mayte Martín, Miguel Poveda (que apenas ha celebrado el vigésimo aniversario de su bellísimo disco de flamenco y poesía catalana, Deshielo) o Rosalía. El Taller de Músics ahora es un faro que emite una luz potente en una época oscura de intolerancias, resentimientos y odios incubados. Por muchos años más, y en las fachas y en las cabezas cuadradas, que les bombin.