¿Ábalos 'enamorado'?
El algoritmo me propone a menudo contenido que él mismo etiqueta como masculino, lo que, en el estado actual de las guerras culturales, significa que tengo contacto directo con las expresiones más descaradas de las nuevas derechas. Y esta semana me he reído a carcajadas con un meme de Ábalos que se ha hecho viral a raíz de la sentencia. El montaje consiste en mezclar un recopilatorio de las declaraciones del ex secretario general del PSOE y acompañarlas de la música triste de Skyfall, la canción de una película de James Bond. Se alternan frases de Ábalos expresando desamparo –"No tengo a nadie. Siento que me enfrento al poder político solo"– con el relato de una aventura extramatrimonial –"Me bloqueó, y allí descubrí la palabra ghosting, ella me explicó lo que quería decir. Duele, porque con aquella persona tuve una relación sentimental de verdad. Lo perdí todo, perdóname la osadía, por una persona a la que amé"–. El volumen del piano sube, oímos a Adele cantar "This is the end" y leemos alguna variante del texto "Si amar es un delito…" acompañada del emoticono del corazón herido. Es absolutamente imposible no reír un poco ni sentir una cierta ternura hacia Ábalos.Ahora bien, ¿cómo es que toda esta simpatía está floreciendo en un ecosistema cultural de derechas? Naturalmente, parte de la explicación tiene que ver con el hecho de que, humanizando a Ábalos, la presión se puede redirigir hacia Pedro Sánchez, que es el verdadero enemigo. Pero el fenómeno es tan orgánico y el "meme" corre tanto en esferas aparentemente apolíticas, que yo lo encuentro un síntoma perfecto del problema cultural de la izquierda con el lenguaje del deseo masculino.Tradicionalmente, la derecha y la izquierda han ofrecido dos maneras complementarias de canalizar el goce, aquellas cosquillas que van más allá de la razón y que también son parte esencial de la política. Dicho de forma llana, la derecha proporcionaba el placer de identificarse con la autoridad, y la izquierda el placer de combatirla, que son dos pulsiones presentes en el alma humana que compiten constantemente y que pueden tener sentido o no según la situación. Ahora bien, la institucionalización de una forma de poder de signo progresista, una de las novedades más particulares de la modernidad, ha abierto una ventana para el conservador revolucionario, una figura nueva que es capaz de apropiarse de las dos formas de goce al mismo tiempo. A diferencia del conservador que todos tenemos en mente, que llama a la gente a reprimir los excesos, el conservador revolucionario es capaz de presentar la lucha por volver a los valores tradicionales como una cruzada arriesgada y excitante contra la tiranía progre, una jugada maestra que confiere a quien la sabe ejecutar el monopolio de la emocionalidad y deja a los rivales en la posición cargante del censor.
El éxito de un meme como el de Ábalos representa el triunfo de esta operación en el reino de la sexualidad y los afectos masculinos. Porque, aunque su conducta extramatrimonial parezca el paradigma contrario de lo que pide el manual conservador, la verdad es que hoy día la vocecita de la conciencia que reprime el deseo de los jóvenes no habla de moral cristiana, completamente abandonada, sino con la retórica de la responsabilidad emocional y los cuidados. En el pasado, el progresismo se ganó el corazón de los jóvenes enamorados que se rebelaban contra la obligación de aparejarse con alguien de buena familia, tener hijos y no desviarse de la heteronormatividad. Hoy, el imperativo cultural ha tomado un cariz progresista que nos exige gestionar perfectamente las emociones, comunicar cada ambivalencia, no hacer daño a nadie y amar solo de manera responsable, madura y consensuada. No hace falta decir que rebelarse contra "se hace así porque se ha hecho así toda la vida" es mucho más fácil que luchar contra un "lo tienes que hacer así por tu bien y el de todos".¿Se puede hacer algo con este giro cultural o se tiene que asumir que los papeles se han invertido y a partir de ahora la izquierda representará la contención y la derecha la rebeldía? Por un lado, es importante mostrar cómo la emancipación que propone este tipo de conservadurismo casi siempre va acompañada de la propuesta de someterse a una autoridad todavía más asfixiante. Pensad en la libertad de Ayuso, que hace temblar diciendo que no hace falta pagar impuestos y después resulta que los más ricos aprovechan el dinero para invertirlo en casas y la mayoría supuestamente liberada acaba más desapoderada que antes, esclava de "las leyes del mercado".
Ahora bien, si los proyectos genuinamente emancipadores renuncian al potencial político de la transgresión y el goce, se están condenando al fracaso. Más que elegir entre racionalidad y desenfreno, se trata de asumir que la condición humana es irreductiblemente irracional y contradictoria, y que tu programa político no puede exigir que quienes se suman a él sean almas impolutas, sino que debe intentar ofrecer caminos para que los excesos emocionales que nos motivan encuentren un sentido. En política, esto querría decir dejar de presentar el progresismo como un win-win y recordar que hay que tomar partido: una política no puede ser buena para la patronal y para los trabajadores a la vez y comprometerse con un proyecto de izquierdas requiere afrontar este conflicto. En las guerras culturales, habría que abandonar el discurso que describe las relaciones humanas como un reino contractual de beneficio mutuo y permitir que hombres y mujeres vuelvan a relacionarse como adultos capaces de correr el riesgo de exponerse al otro sin garantías de que todo saldrá bien, justamente porque esta es la única manera de formar vínculos reales.El meme de Ábalos enamorado es un ejemplo perfecto de la instrumentalización conservadora de la transgresión: lo que se presenta como un sacrificio romántico es, en realidad, utilizar el dinero proveniente de una trama y engañar a las personas que se supone que amas sin renunciar a nada, con la única finalidad de proveerse de placeres individuales y no apostar decididamente por nada. Ahora bien, justamente porque la idea del sacrificio romántico tiene un potencial enorme para despertar el compromiso con las causas nobles (de hecho, es necesaria), la izquierda debería saber entrar en la masclósfera a librar la batalla con alguna propuesta más profunda, sofisticada y atractiva que la que actualmente ofrece la retórica de los cuidados y la responsabilidad emocional.