Los mapas auguran un otoño con nuevas lluvias y tormentas.
06/08/2026 - 19:24 h.
Escritora
2 min

Quizás sí que esperar la lluvia es de viejos, pienso, mientras espero la lluvia (la “precipitada lluvia, impensada”, que decía el valenciano). Afuera se oyen unos truenos continuados, que parecen el zumbido de los aviones, porque no se interrumpen, y no hace sol. Llevan tres meses que no llueve, y ya no recuerdo si entonces, cuando era pequeña, cuando los viejos decían que llevaban tanto y tanto que no llovía, había pasado tanto tiempo como ahora. Los niños, entonces, queríamos la lluvia para llevar el canguro (como una riñonera) y las katiuskas. Como los de ahora, no queríamos paraguas. El paraguas, como esperar la lluvia, era de viejos.

Entra el gato, maullando, me avisa que ha empezado. Cuatro gotas, de momento, que quizás no van a más, y aquella olor a vino de Borgoña. La lluvia en el campo es toda una otra cosa. Ventanas, puertas cerradas. La acequia bien limpia, que el agua no caiga al vecino. ¿Aguantarán los goteros de las cepas? ¿Hará daño? Todos los pájaros se han instalado en el ciprés de la vecina, donde hacen de okupas. El grupo de idiotas de la casa de turismo rural low-cost de más arriba ya salen con una bolsa negra de basura tan grande que es imposible que quepa por los agujeros de los nuevos contenedores sostenibles y ecológicos que nos han instalado. La dejarán en el suelo y se irán corriendo. El vecino, que teletrabaja, me avisa, haciendo señas, que ya no tiene wifi. La montaña de Montserrat se ve nítida, negra, con las nubes grises al detrás. El cambio climático —ningún campesino del mundo lo niega, porque lo ve cada día— me hace sentir parte de esta lluvia. Tengo ganas de salir a mojarme, a empaparme, a mirar al cielo y en cierta manera agradecer el milagro. Llevan tanto tiempo que no llueve que el fenómeno me parece comparable al eclipse que esperamos. Sí, si cae un chaparrón saldré y recogeré la lluvia. Pero quizás pasa de largo, que aquí siempre pasa de largo, dicen las viejas.

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