El acuerdo de financiación y el déficit fiscal
El pasado martes, el presidente Illa, entrevistado en TV3, se manifestaba sobre el acuerdo de financiación autonómica al que han llegado el gobierno central y ERC en los siguientes términos: "¿Es un buen acuerdo para Catalunya? ¡No, buenísimo!"
Sin embargo, cinco días antes, los lectores del ARA habían podido leer una opinión muy distinta por parte de Albert Carreras: "¿Hasta qué punto el nuevo modelo de financiación autonómica puede reducir el déficit fiscal? Algunos autores ya lo han explicado: el incremento del gasto que hace el Estado se paga, para Cataluña, en un porcentaje que corresponde al del PIB de Cataluña sobre el PIB de todo el Estado (18,8% según el último dato). reducirá del déficit fiscal será de poco más de 700 millones de euros.
¿Quién tiene razón? Para responder a esta pregunta podemos utilizar la métrica que propone Carreras: el déficit fiscal.
Este déficit se ha medido en muchas ocasiones, y en todas ellas la métrica relevante –el flujo monetario– ha dado un resultado muy cercano al 8% del PIB catalán. La comparativa internacional –y en particular los casos de Canadá y Alemania– ha traído un cierto consenso entre los analistas catalanes de que la diferencia entre el PIB per cápita catalán y la media española sólo justificaría un déficit del 4%, o sea, de la mitad.
Este exceso de déficit fiscal se produce por dos vías: por la infrafinanciación de la Generalitat y por la falta de inversiones del Estado en Catalunya. Grosso modo, ambas vías tienen una magnitud similar, lo que es tanto como decir que la Generalitat debería mejorar su financiación en el equivalente al 2% del PIB catalán y que el Estado debería aumentar sus inversiones en Cataluña en el equivalente, también, al 2% del PIB catalán. Ambas cosas año tras año.
¿De dónde deben salir estos recursos? De los impuestos que los catalanes ya estamos pagando al Estado a través del IRPF, IVA, sociedades, especiales, etc.
En el modelo actual, el Estado retiene el 50% de la recaudación del IRPF y del IVA, la totalidad del impuesto de sociedades y el 42% de los impuestos sobre el tabaco, el alcohol y los hidrocarburos, entre otros, y asigna el resto a las comunidades autónomas. La propuesta aumentaría la participación de éstas en un 5% adicional del IRPF y en un 6,5% del IVA, lo que representaría, en 2027, unos 17.000 M€. También modifica el complejo criterio de reparto de la cantidad resultante entre las diferentes comunidades autónomas, con el resultado de que en Cataluña le corresponderían 4.700 M€ más que antes. En resumen, de los impuestos que estamos pagando los catalanes, irían a parar a la Generalitat 4.700 M€ más que antes.
Hemos dicho más arriba que la corrección del déficit fiscal excesivo exigiría mejorar esa financiación en el equivalente al 2% del PIB catalán; y ¿cuánto es ese 2%? Unos 6.000 M€. Por tanto, el nuevo modelo corrige tres cuartas partes de la parte del déficit excesivo que le corresponde. Es menos de lo necesario, pero no cabe duda de que Isla tiene más razón que Carreras.
¿Y por qué Carreras no lo ve así? Implícitamente, Carreras está suponiendo que para financiar el nuevo acuerdo el Estado tendrá que aumentar la presión fiscal sobre los españoles, y que los catalanes acabaremos pagando 4.000 M€ más que antes, pero este supuesto no tiene fundamento alguno.
En cuanto a la otra mitad del déficit excesivo, un acuerdo paralelo –cuya ejecución parece ahora acelera– prevé la creación de un consorcio para que la Generalitat pueda intervenir en la ejecución de las inversiones estatales en Catalunya. El objetivo no es sino evitar que, año tras año, las inversiones presupuestadas se ejecuten sólo parcialmente, lo que permitiría subsanar el otro 2% del déficit excesivo.
Mi lectura de los acuerdos es, pues, positiva, pero hay que tener en cuenta lo siguiente:
Primero, que la transformación del acuerdo en ley exigirá la negociación con otros partidos, y que, por tanto, el trámite parlamentario puede desfigurarlo. Ya ocurrió con el acuerdo anterior.
Segundo, que muy a menudo la no ejecución de las inversiones estatales en Catalunya se debe a dificultades objetivas con el territorio –mucho más complicado que el de Madrid o Aragón, por ejemplo– y nuestras dudas sobre cómo abordarlas. Está pasando con el aeropuerto y con la B-40, pasó con la Panadella y pasará con las interconexiones eléctricas con Aragón y Francia.
Por último, que nuestros problemas económicos van más allá del déficit fiscal. Es cierto que la economía vasca –sin déficit– va mucho mejor que la catalana, pero también es cierto que la andorrana –que tampoco la tiene pero comparte nuestro modelo de turismo e inmigración masivas– va peor que la nuestra.