Fake news, noticias falsas: ha habido toda su vida, por ignorancia o por manipulación, dos atributos recurrentes entre humanos. De hecho, los sistemas de poder se han construido a menudo sobre falsas noticias convertidas en verdades incontestables, que han ido generando los distintos mecanismos de sumisión y dominación. La entrada en el mundo de la comunicación digital, con una inmensa capacidad de propagación, nos ha llevado a un momento en el que el uso de las fake news es tan abrumador que opera como una especie de realidad paralela que lleva a la gran confusión. Hasta el punto de que quienes han hecho su forma de estar en el mundo corren el riesgo de ser atrapados en la contradicción, que es lo que le está pasando a Trump con sus idas y venidas, que cada vez lo ponen más en evidencia. Tanto es así que sectores del Partido Republicano que hasta ahora habían vivido en su sombra le piden que acabe la guerra porque se dan cuenta de que las fabulaciones presidenciales están perdiendo credibilidad de forma acelerada.
El presidente todopoderoso ha quedado atrapado en el círculo vicioso del "todo vale si lo digo yo aunque sea mentira". En veinticuatro horas dijo que "el fin de la guerra está cerca", añadiendo que ese final "sólo llegará tras una rendición incondicional", que no parece que los iraníes tengan programada de forma inminente, y con entendido de que "los bombardeos cesarán cuando el presidente quiera", y de momento continuo. Y para redondear el relato dice que "ha llegado el momento de declarar la victoria", pero no lo hace. Todo se suma a la exhibición del comandante jefe, que no tiene otra consistencia que la envuelve que hace fuerte. Y pese a los ejercicios de obediencia trumpista de la inefable Von der Leyen, en Europa, Pedro Sánchez ya no es una rara excepción: conduce la idea de que ya basta de una irresponsabilidad egocéntrica convertida en círculo vicioso.
Las vacilaciones de Trump confirman sus límites. Sus hazañas abren abismos de alto riesgo. Se le empieza a ver el plumero y se va evidenciando que no todo depende de él. Se avecinan unas elecciones que podrían poner en evidencia el riesgo que se corre cuando se huye de la realidad: o padres a tiempo o el espectáculo cae por su propio peso. En esta contradicción se encuentran ahora mismo EEUU y el mundo: la lógica demoledora de las fake news ¿se impondrá irremisiblemente? ¿O todavía existe posibilidad de recuperar el principio de realidad? En un momento en que la democracia merma desde hace tiempo, crece la sensación de que está definitivamente en peligro. Y la pregunta es: ¿los poderes económicos y los sistemas de comunicación digitales son incompatibles con regímenes de libertades como las democracias occidentales? Dicho de otro modo: ¿es Trump un delirio momentáneo o es el mundo que viene?