Amenazas al Parlamento
El diputado de Vox por Girona Alberto Tarradas pronunció un discurso envenenado jugando con la amenaza de deportación de la diputada de ERC Najat Driouech que no solo no es ninguna broma, sino que contiene todos los elementos del discurso del odio propio del fascismo. Pronunciado desde la tribuna del Parlament, da escalofríos y estamos esperando con impaciencia el castigo de la cámara.
La perversión del discurso radica en el hecho de que prefigura un futuro luminoso en que tendrán satisfacción las pulsiones más delincuenciales del ser humano, como por ejemplo la de organizar un estado que, con la ley en la mano, expulsará fuera del país a alguien que profesa una religión determinada. Y jugar con los tiempos (“No la deportaremos, al menos de momento”) pretende poner en marcha la cuenta atrás de la tensión social, de aquello que pasará cuando ganen ellos, cuando vengan los días brillantes en que en España “vuelva a amanecer”.No importa que una oferta política tan abyecta signifique el retroceso de los derechos conseguidos después de siglos de persecuciones y exterminios. Se trata de hacer salivar al electorado con una fiesta autoritaria de supremacismo y de racismo que, hay que hacerlo notar de inmediato, no solucionará ninguno de los problemas económicos y sociales del electorado, pero funciona porque le ofrece un culpable de estos problemas, aunque, obviamente, sea falso.
Tarradas celebraba como una expresión de alegría y espontaneidad el “musulmán el que no bote” del España-Egipto de fútbol jugado en Cornellà-El Prat. Por barata que sea la provocación, no puede pasar por alto. Y, naturalmente, allí donde dice musulmán puede decir catalán o cualquier otra denominación de origen nacional, cultural o ideológica. Esta pulsión perseguidora del nacionalismo español ya la hemos sufrido bastante para dejar en broma aquello que es una amenaza a la libertad.