Un amor no correspondido

Los fieles de Siri Hustvedt llenamos L’Auditori y seguimos, como si estuviéramos en misa –en un silencio concentrado–, la conversación que la escritora mantuvo con Anna Guitart.

Su presencia en el escenario era etérea –es alta y delgada– y contundente –negro y rojo–, muy bien como su discurso –tierno hablando del duelo, combativo hablando de política–, siempre apasionado.

Hace un montón de años escribí sobre esta gran escritora americana, lamentando que ni una sola reseña o entrevista se ahorrara de recordarnos que era la mujer de Paul Auster. Esta vez, en cambio, estaba justificado e inevitable, porque el libro que ha publicado Hustvedt está escrito para hacer el duelo de la muerte de su marido. Se titula Historias de fantasmas y lo ha publicado Edicions 62, traducido por Jordi Martín Lloret.

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Es un libro durísimo y sobrecogedor, diría que especialmente para los lectores que hemos vivido el cáncer de cerca (o sea, la mayoría). Me gustó mucho que la autora defendiera la literatura del duelo ahora que la literatura que habla de sentimientos tan íntimos como el duelo está tan cuestionada. Su Historias de fantasmas se añade, con honores, a la lista de libros de duelo imprescindibles, encabezada por Un duelo observado de C. S. Lewis, que es la biblia que todo el mundo relee a la hora de escribir sobre el duelo. El duelo es un amor no correspondido, dice Siri Hustvedt.

La historia de amor de Hustvedt y Paul Auster está en el centro del libro. Por eso, la autora dice que está haciendo el duelo no solo por su marido, sino por el nosotros que formaban ellos dos y que también ha desaparecido. De hecho, en la conversación en L’Auditori, recordó las dos cartas que ella escribió a Auster cuando justo empezaban su historia de amor y él la había dejado para volver con su mujer. “Si no las hubiera escrito, quizás no lo habría recuperado”, dice. Y añade, con la voz quebrada: “Este libro también es un intento desesperado por recuperarlo, pero sé que no me lo devolverá nadie”. El jamás de la muerte cae sobre el escenario como un bloque de piedra.

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Siri Hustvedt se emociona y ríe recordando lo hiperbólico que era Paul Auster, elogiando a la gente que quería; se enciende cuando habla de política y del innumerable n.º 47; relata con serenidad “las cosas terribles” que Auster y ella vivieron con la muerte de la nieta y la muerte por sobredosis del hijo de él.

En el libro, Hustvedt reivindica sin ningún resentimiento su propia obra (además de ser “la mujer de Paul Auster”). Dice que, finalmente, ha entendido por qué tantas veces se la menospreció considerándola siempre una autora a la sombra de un gran autor: “Los artículos no trataban de mí ni de Paul, sino de asegurarse de que la mujer mantuviera su lugar en el orden de las cosas”.

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La conversación en L’Auditori nos permitió ver a Siri Hustvedt reflexiva, emocionada, apasionada, indignada y risueña, metida de lleno en la conversación guiada con empatía por Anna Guitart. El público, en plena comunión con la escritora, supo que, en su casa, en Brooklyn, donde ella y Paul vivían y trabajaban, de vez en cuando todavía se huele olor de tabaco.