Begoña Gómez y la persecución a las primeras damas

Si los últimos acontecimientos del siglo XXI no te tienen despistado o despistada, es que vives al margen de todo. Y si todavía te mueves con los códigos del siglo XX, ya puedes ponerte las pilas o el tsunami te cogerá por sorpresa. Porque en plena era de las fake news, intentar ajustar lo que sucede a la lógica de la realidad es una tarea inútil, tan inútil como intentar vivir sin conexión a internet.

La tradición de usar a las mujeres como arma arrojadiza es larga. Es probable que, desde los primeros enfrentamientos entre hombres, se usara la violencia contra las mujeres de los enemigos –también la violencia sexual– para neutralizarlos, un costumbre que parece que no se ha perdido y que encontramos en todos y cada uno de los conflictos bélicos actuales. Igualmente, el acoso y derribo de primeras damas no es nuevo. Así, el caso Begoña Gómez es un caso evidente de querer hacer tambalear un gobierno. Por cierto, que para ver que el caso no se sostiene por ninguna parte no hace falta ser ni de izquierdas ni socialista; solo hace falta tener dos dedos de frente.

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Como no pueden acabar con el presidente Sánchez en las urnas –porque, por lo visto, tiene más vidas que un gato–, hay quien ha visto la oportunidad de erosionar su figura atacando a su mujer, después de haberle buscado las cosquillas al hermano, que tiene tanto de delincuente como la pareja de Ayuso de honesta. No tengamos miedo de llamarla ultraderecha policial y judicial, que todos sabemos que existe. Ninguna novedad, porque, como digo, la práctica de atacar a primeras damas para intentar derrocar gobiernos no es nueva.

En el siglo XX podemos mencionar un par de casos sonados. En los hoy controvertidos Estados Unidos –vade retro–, tanto Eleanor Roosevelt como Hillary Clinton recibieron en su día numerosos ataques que tenían por objeto debilitar el poder de sus respectivos maridos, cuyos contrincantes políticos no dudaban en usar cualquier método para conseguir sus objetivos. La derecha se empeñó tanto con Eleanor Roosevelt, por ejemplo, que ya muerto su marido tuvo que llevar pistola porque el Ku Klux Klan incluso ofreció una recompensa por su cabeza.

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Ya en el siglo XXI podemos destacar los casos de Michelle Obama y Brigitte Macron, acusadas, entre otras cosas, de no haber nacido mujeres, una medalla que también han querido colgarle a Begoña Gómez. La diferencia es que, cuando eran primeras damas, tanto la señora de Clinton como la señora de Roosevelt fueron políticamente muy activas, mientras que no ha sido necesario que la señora de Macron y la señora de Sánchez fueran políticamente activas para que hayan sido atacadas.

Si el siglo XXI nos ha traído ataques gratuitos contra primeras damas que tienen un rol más pasivo y políticamente no amenazante es porque en la era de las fake news ya no es necesario que los ataques respondan a ninguna amenaza real. Solo se trata de lo de siempre: intentar hundir a los hombres haciendo daño a sus mujeres. Visto el panorama, no sé vosotros, pero yo estoy afilando el sentido común para no creerme los cantos de sirena de los que no tienen ningún escrúpulo a la hora de usar la mentira como material inflamable.