Cataluña y las dos Españas

España celebra este lunes su fiesta nacional cuando acaba de ser convocada a unas elecciones en las que la derecha y la ultraderecha (valga la redundancia) se presentan sedientas de venganza y el centroizquierda socialista y la izquierda (valga la redundancia nacional española) repetirán el “No pasarán” de la España contemporánea más dramática.

De lo que podemos esperar en Cataluña si las encuestas se confirman, ya hemos tenido una muestra con el sesgo de la justicia (que ahora amenaza al presidente español mismo y a su familia) o con los pactos de gobierno o parlamentarios entre PP y Vox en diversas autonomías. Sin ir más lejos, en Aragón acordaron combatir “la imposición del catalán”, expresión que no es nueva pero que anuncia de qué mal querrán que muramos y a qué causa tendremos que continuar destinando parte de nuestros esfuerzos.

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Y todavía hay otro antecedente de lo que vendrá, que es el del gobierno de Aznar 2000-2004, con mayoría absoluta. Aquella legislatura, marcada por las mentiras de la Guerra de Irak y el episodio traumático del 11-M, la vivimos bajo una presión de atmósfera política que hizo de España un país políticamente invivible. De aquella legislatura vino la crisis del Estatuto y buena parte de las razones para emprender el Procés.

En estas elecciones de 2026, las izquierdas volverán a afirmar que la prioridad es social y no nacional, como si no supiéramos que no solo no son excluyentes, sino que también hay ejemplos como la ejecución presupuestaria, la radialidad de las infraestructuras, las acometidas del poder judicial o el “Madrid se ha ido”. Son ejemplos bien sangrantes de cómo la falta de soberanía es la avería que corre más prisa de reparar si queremos mejorar la vida de los catalanes, sea cual sea su clase social.