Cinco céntimos sobre Icrea
Cuando hablamos de la investigación en Cataluña, unas veces nos referimos al ecosistema de investigación y otras al sistema de investigación. Conviene distinguir. El ecosistema lo incluye todo y carece de límites precisos. Eres parte del ecosistema si de facto lo eres. Serlo no depende de credenciales. Un ecosistema es siempre algo caótico y desordenado. En su mejor versión es creativo y dinámico. Cuando lo nuevo deja de serlo y se ordena, ya han surgido nuevas iniciativas que mantienen el desorden creativo. Cataluña ha generado un ecosistema de investigación que ha ganado mucho peso en Europa. Somos relevantes en todas las instancias donde es necesario estarlo. Pero no podemos estar del todo orgullosos porque el barco en el que ganamos posiciones está perdiendo en el mundo. Nuestra ambición hoy debería ser participar en un liderazgo científico europeo que enderezca esta situación.
En cambio, el sistema de investigación, parte del ecosistema, está ordenado por la normativa legal. Un ecosistema sin un sistema en su núcleo es imposible. Y un sistema que no haya generado a su alrededor un ecosistema es muy deficiente. En el presente la norma que ordena el sistema es la ley de la ciencia de 2022. Metafóricamente, lo dibuja constituido por dos paredes maestras –universidades y centros de investigación– y una viga de carga transversal que es Icrea (Institución Catalana de Investigación y Estudios Avanzados). Debido a que este viernes se celebró en el CCCB su 25 aniversario, dedico este artículo a haceros cinco céntimos.
Con recursos de la Generalitat, Icrea tiene por misión la atracción, retención y recuperación de talento científico del máximo nivel para insertarlo en las universidades y centros de investigación. Lo hace mediante convocatorias anuales en las que la institución contrata de forma indefinida a unos veinte investigadores que desplegarán su actividad en un centro o universidad. En estos momentos los Icrea son unos 300, casi la mitad en las universidades. El savoir faire de los equipos de dirección ha garantizado una selección impecable, dando como resultado unos impactos académico y económico muy elevados. En el académico, no cabe duda de que ha tenido un papel decisivo en el crecimiento y la apreciación externa del ecosistema. En el económico, los Icrea han atraído 160 millones de euros sólo en el 2025. En media anual multiplican por más de cuatro la contribución de la Generalitat y crean siete puestos de trabajo calificado en sus equipos. Además, sus hallazgos han generado 47 empresas tecnológicas.
Icrea carece de centros propios. Su intención es ayudar a los centros y universidades a alcanzar niveles altos de calidad y con una masa crítica suficiente. En esto se asemeja a la práctica del CNRS francés (Centro National de la Recherche Scientifique), pero con una diferencia: el CNRS constituye centros mixtos (lo llaman labs). Icrea no.
Hay un aspecto más fundamental en el que el contrato Icrea es diferente al que utiliza el CNRS. Los miembros del CNRS son funcionarios. Los Icrea son contratados laborales (permanentes). Es esa característica la que permite una política de personal ajustada a las mejores experiencias internacionales. Hago constar que la vía del contrato laboral en la universidad ha sido una reivindicación histórica en Cataluña. También lo fue en España bajo el franquismo y al inicio de la transición democrática. Pero en su primera ley universitaria (1983), desgraciadamente, se optó por la vía funcionarial. En la segunda ley –del mismo año de la constitución de Icrea (2001)– se abrió una vía laboral, pero de inmediato se vició estableciendo una homogeneización prácticamente completa con la vía funcionarial. Para ser claro: una vía laboral efectiva debe tener dos propiedades. Que las evaluaciones positivas de promoción conduzcan automáticamente a la promoción, sin pasar por una convocatoria pública que será necesariamente falsedad. Y que una vez establecido esto, haya convocatorias públicas, y que estén realmente abiertas, no de promoción disfrazada. Una institución debe introducir sangre nueva a todos los niveles.
Los contratos de Icrea son permanentes. Es clave: no puede aspirarse a contratar talento consolidado con contratos temporales de tres o cinco años. Sin embargo, éstos son más fáciles de articular administrativamente y pueden ser útiles para las primeras fases de la carrera académica. Así, para la atracción de talento muy joven tenemos el programa del Centro de Formación Interdisciplinaria Superior -CFIS- de la UPC, y para el talento ya en transición a la madurez el programa Ramón y Cajal de la Agencia Estatal de Investigación. Ambos son muy satisfactorios.