El Artur Mas de 'Polònia'
27/02/2026
3 min

Estábamos justo en la entrada del Teatro Victoria, en Barcelona, ​​para celebrar el vigésimo aniversario del programa Polonia, cuando una persona me comentó más o menos lo siguiente: "Con la excepción del Reino Unido, en todo el resto de Europa no hay ningún programa de sátira política que haya aguantado tanto como el PoloniaLa frase me impactó, no por los méritos innegables de los que hacen el programa desde hace dos décadas, sino porque describía la singularidad de un talante catalán que se muestra capaz de reírse de uno mismo, signo inequívoco de salud democrática. aquellas otras palabras del maestro Pau Casals, cuando en su lejano discurso en Naciones Unidas habló emocionado de Cataluña, y entre otras cosas explicó que nuestro país había tenido el primer Parlamento del mundo, "incluso antes que el de Inglaterra" Asistíamos a una fiesta, ciertamente, pero mira por dónde esa afirmación improvisada en la entrada de la entrada reflexión que quiero compartir a través de este artículo.

La identidad de un pueblo es como un gran delta por la afluencia y la acumulación de sedimentos de todo tipo. de diversos afluentes, que le aportan muchos nutrientes. Sin embargo, que el delta esté bien formado no significa que sea inalterable; Pau Casals Ahora bien, nuestro delta no sería lo que es sin la existencia de muchos afluentes, pequeños o grandes, que alimentan el canal central. de talento, la creatividad, la voluntad de proyectarnos en el mundo y la mezcla de gente de orígenes diversos son afluentes imprescindibles, si queremos comprender y apreciar la complejidad, a la vez que la singularidad, del delta que hemos formado a lo largo de siglos.

Como todo delta, el nuestro sufre factores de erosión y experimenta factores de transformación. Estos segundos son normales, porque nada puede ser inamovible con el paso del tiempo. Sin embargo, hay que estar muy atentos y vigilantes sobre los elementos que pueden erosionar, y por tanto herir o estropear, nuestro delta, nuestra identidad. Entre estos elementos, hay externos que no podemos controlar, pero tampoco debemos ignorar: la fuerza globalizadora de identidades muy potentes, que ocupan cada vez más espacio en nuestras vidas; el enorme poder de determinadas corporaciones, cuya acción cambia nuestras vidas, y no siempre a mejor; la emergencia y la moda de determinadas corrientes ideológicas, de todo espectro, que amenazan directamente el sistema de derechos y libertades que determinadas sociedades como la nuestra tienen.

Junto a estos elementos externos existen otros que son más propios, más de carácter interno, y que también pueden erosionar nuestra identidad colectiva. Una inmigración desbocada, como la de muchos países europeos, representa un riesgo; pero una inmigración poco integrada, o aún peor, mal integrada, supone un riesgo muy superior. En este sentido, parece que el rumbo que deberíamos tomar está claro: hay que controlar mucho mejor los flujos de llegada de nuevas personas, pero hay que hacer todos los esfuerzos posibles para integrar bien a las personas que ya forman parte del país.

Otro factor clave a tener en cuenta es la defensa de nuestro sistema de valores. Un sistema que ha costado generaciones enteras de construir y cuyo pilar es la democracia, los derechos, los deberes y las libertades. Este sistema no lo podemos entender como un derecho vitalicio, que nos vendrá garantizado hacemos lo que hacemos. En mi opinión, debemos entenderla como una conquista que requiere un esfuerzo diario y sostenido para seguir disfrutando en el futuro. Dicho de otro modo, no podemos transigir en lo que representa el núcleo duro de este sistema de valores, y debemos hacer de su defensa un compromiso compartido de país. Si no lo hacemos, nuestra identidad, que es nuestra forma de ser y de hacer, y nuestra aportación al mundo entero, quedará primero diluida y después condenada.

Y eso liga con la gala de los 20 años del Polonia. Un pueblo que es capaz de reírse de sí mismo es un pueblo con más salud democrática y, por tanto, un pueblo más libre.

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