La complicada alianza entre la izquierda y los electores musulmanes
Gorton and Denton es una circunscripción electoral del área metropolitana de Manchester. Donde antes había minas e industria textil ahora hay pobreza. En Gorton and Denton se celebraron elecciones el jueves y el escaño se lo llevaron Los Verdes, seguidos por la formación ultraderechista Reform y, en tercer lugar, los laboristas. Los conservadores ni aparecieron. El resultado demuestra cómo está cambiando el mapa político del Reino Unido. Pero hay algo más interesante: Los Verdes ganaron gracias al voto musulmán.
Europa tiene un problema con el islam. Con bastante frecuencia se habla genéricamente del “problema de la inmigración” para que el receptor, ya sensibilizado, entienda que la referencia es muy concreta: “los musulmanes”. Evidentemente, existe un problema colectivo con el radicalismo islamista y sus atrocidades.
Pero hay algo más profundo, una alteridad que una parte de la sociedad considera insalvable. Desde el habitual “los musulmanes no se integran” hasta la teoría conspiratoria del “gran reemplazo” poblacional, que suscriben desde Marine Le Pen hasta Donald Trump cuando discursea sobre la decadencia europea, desde los furiosos alegatos islamófobos de Oriana Fallaci a la resignación de Michel Huellebecq en su novela “Sumisión”, el debate es real. Y alienta a la ultraderecha.
Volvamos a Gorton and Denton, donde el 47% de la población es musulmana (básicamente de origen paquistaní). Gorton and Denton siempre fue un feudo laborista. Hasta ahora. ¿Por qué han ganado Los Verdes? Por Gaza.
La candidata ecologista, Hannah Spencer, distribuyó miles de octavillas en urdu con el siguiente mensaje: “Empujemos una vez más los muros que van cayendo. Los laboristas deben ser castigados por Gaza. Reform debe ser derrotado y hay que votar a Los Verdes. Vota a Los Verdes para que los musulmanes dispongan de una voz fuerte”.
Y el electorado musulmán de la circunscripción, que en las elecciones generales de 2024 se había abstenido masivamente, se volcó en favor de Hannah Spencer. Durante la campaña, tanto los laboristas como la ultraderecha de Reform habían acusado a Los Verdes de “fomentar el odio”.
El hecho es que los electores musulmanes existen. Son una fuerza considerable en el Reino Unido y aún más considerable en Francia, el país europeo con la mayor comunidad musulmana: casi siete millones de personas.
Los antiguos equilibrios sociales se deshacen ante la nueva realidad. La Francia Insumisa, el partido de izquierda radical fundado y dirigido por el ex socialista Jean-Luc Mélenchon, lleva años cortejando al electorado musulmán. Resulta un poco absurdo hablar de “electorado musulmán” como si fuera algo homogéneo, aunque hay cuestiones que claramente lo movilizan. Gaza, por ejemplo. O el respeto a sus hábitos religiosos.
De esta forma, un partido tan laico y feminista como La Francia Insumisa se ve obligado a dejar de serlo cuando se abordan asuntos como el hijab, el niqab y el burka o la estructura patriarcal que caracteriza, en general, a las comunidades musulmanas. Otra consecuencia derivada de la alianza entre izquierdistas y musulmanes es un creciente antisemitismo. (Tanto judíos como palestinos son semitas, pero todos entendemos contra quién se va cuando se habla de antisemitismo).
En la campaña de Gorton and Denton, Los Verdes han hablado más de carne halal y de mezquitas, y de islamofobia, que de ecología.
Nazir Afzal, decano de la Universidad de Manchester, antiguo fiscal y musulmán (no del todo típico: es vegetariano y tiene perro), publicó el viernes en “The Guardian” un artículo en que, con motivo del Ramadán, se quejaba de que él y cualquier otro musulmán británico debían enfrentarse diariamente a “la hostilidad, la sospecha, la discriminación, el abuso” y, con cierta frecuencia, “a la violencia y la exclusión”.
La “cuestión musulmana” crece en importancia. Tanto en la política como en la calle.