Confiar en el algoritmo o confiar en la prensa
Cada día tomamos cientos de decisiones que nos parecen personales, qué leemos, qué miramos, qué escuchamos, qué compramos o a dónde viajamos. Una parte de estas elecciones, sin embargo, llega precedida por una recomendación automática producida por algoritmos que ordenan los contenidos, seleccionan qué aparece primero y determinan, a menudo sin que seamos conscientes, qué opciones llegan a formar parte de nuestro horizonte.
Las herramientas digitales pueden facilitar el acceso a la información y ayudarnos a encontrar contenidos de interés. La cuestión es qué pasa cuando las recomendaciones se convierten en el principal filtro a través del cual descubrimos el mundo. Los sistemas de personalización tienden a mostrarnos aquello que se ajusta a nuestros hábitos. Así, aquello que nos resulta familiar gana presencia, a la vez que otras voces y perspectivas pueden quedar fuera de nuestro campo de visión.
En este escenario, el criterio editorial es más necesario que nunca, ya que una revista y un diario de calidad no se limitan a acumular contenidos ni a reproducir aquello que ya circula. Detrás de cada número y de cada edición hay profesionales que deciden qué es relevante, contrastan fuentes, contextualizan los hechos, jerarquizan temas y asumen la responsabilidad de explicar por qué una información merece la atención del lector.
La prensa informa sobre la actualidad, investiga, fiscaliza el poder y ayuda a entender los acontecimientos que marcan el presente. Las revistas profundizan, exploran ámbitos específicos, recuperan historias, abren ventanas culturales y ofrecen espacio a la curiosidad y al conocimiento. No son formatos intercambiables, pero sí aliados imprescindibles.
Cuando el éxito de un contenido se mide solo por clics, segundos de pantalla o capacidad de generar reacciones, aquello que es importante puede quedar desplazado por aquello que provoca una respuesta inmediata. Una investigación que necesita tiempo o un reportaje que no se puede resumir en una frase llamativa pueden tener un valor público inmenso aunque no sean los contenidos más compartidos.
El Consejo de la Información de Cataluña, en el estudio Algoritmos en las redacciones, plantea que la personalización debe convivir con la diversidad y contribuir a la salud de la esfera pública. También defiende que el uso de la inteligencia artificial y de las herramientas automatizadas debe estar guiado por los valores éticos del periodismo, ya que la tecnología puede ayudar a hacer mejor información, pero no puede sustituir la responsabilidad editorial ni decidir por sí sola qué es relevante o qué voces deben ser escuchadas.
Por eso es necesario reivindicar las decisiones humanas que contrastan un dato antes de publicarlo, dan espacio a voces diversas o preparan un dossier con profundidad. Son trabajos que ninguna recomendación basada únicamente en nuestros hábitos previos puede garantizar. Nos ofrecen aquello que el algoritmo no necesariamente nos pondría delante, como por ejemplo una mirada diferente, una pregunta incómoda, una realidad que desconocíamos.
Leer una revista con calma, hojear un reportaje o profundizar en un análisis periodístico son formas de consumo cultural e informativo que no deberían estar sometidas a la interrupción constante de notificaciones y reclamos. El papel puede ofrecer esta pausa, pero también pueden hacerlo las ediciones digitales bien pensadas, que ponen la experiencia lectora y la calidad del contenido en el centro.
Es precisamente para preservar y fortalecer este ecosistema que existe la APPEC, la entidad que agrupa y promueve las revistas y los medios digitales. En esta misma voluntad se enmarca la Noche de las Revistas y la Prensa en Catalán y sus premios, un encuentro del mundo editorial, periodístico y cultural que quiere reconocer el trabajo que a menudo queda detrás de cada publicación. Galardonar estas cabeceras es hacer visible un trabajo profesional y diverso, y recordar que detrás de cada revista y cada medio hay equipos que sostienen una manera de informar, divulgar y explicar el mundo con criterio propio.
La pregunta de fondo es quién queremos que decida qué merece nuestra atención, y tenemos dos opciones. Por un lado, podemos dejar que esta función recaiga cada vez más en sistemas que predicen nuestro comportamiento, o, por otro, podemos preservar espacios donde el criterio, la responsabilidad y la curiosidad orienten nuestra elección. Las revistas y la prensa de calidad son parte de esta respuesta, porque recuerdan que informar, interpretar y descubrir son actos humanos, y en una sociedad gobernada por recomendaciones automáticas necesitamos medios que nos ayuden a mirar más allá.