Crecemos más, pero con demasiada inflación

La trayectoria de crecimiento de la economía española es positiva. A escala macroeconómica se sitúa entre los países desarrollados con más dinamismo. El problema viene cuando aumentamos la imagen del microscopio y detectamos que hay un peor reparto del pastel porque crece más la población que la riqueza. De aquí surgen lemas como el crecimiento inclusivo, que utiliza, por ejemplo, el gobierno que preside Salvador Illa.

Pero, según las proyecciones del Banco de España, uno de los riesgos es la evolución del nivel general de precios, situados actualmente cerca del 5% (4,9%, en concreto, en septiembre). Es cierto que la inflación subyacente, la que excluye los precios de la energía y de los alimentos no elaborados y que, por tanto, es la más estructural, se sitúa por debajo, en el 3,1%, pero también tiende al alza y alejada del objetivo del 2% del Banco Central Europeo (BCE).

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Con estos datos, y teniendo en cuenta que difícilmente desaparecerán de un día para otro las tensiones en el golfo Pérsico que provocan la escalada del petróleo, el Banco de España ha incrementado sus previsiones de inflación. Las sitúa en el 3,9% en 2026, casi el doble del objetivo del BCE y tres décimas por encima de sus anteriores estimaciones. Pero la cuestión es que la tendencia no será de mucha moderación, porque la previsión para 2027 es del 3,7%, solo dos décimas menos que en 2026, pero 1,1 puntos porcentuales más que en la anterior proyección del organismo monetario.

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El principal factor hasta ahora del encarecimiento del coste de la vida son los precios energéticos. Por eso el gobierno español ha prorrogado hasta finales de año el paquete de medidas de respuesta a la crisis en Oriente Medio. Esto ha ayudado a contener la inflación a través de rebajas de los impuestos energéticos y de ayudas directas a los sectores más afectados, pero también ha impulsado al alza el déficit público. La institución que dirige José Luis Escrivá ha hecho una revisión al alza del déficit público, del 2,6% del PIB para 2026.

Aunque la inflación está muy vinculada al encarecimiento de la energía, el peligro es que la escalada de los precios se traslade al resto de la economía. Y hay otro problema: con una inflación que puede situarse en una media del 4%, los salarios crecen a un ritmo inferior. Y la previsión es que esto continuará. El incremento salarial medio en los convenios revisados se situaría en el 3,2%. Lo mismo ocurre en los revisados en 2026, con alzas de una media del 2,9%. En cambio, en los convenios nuevos firmados hasta agosto de 2026 la revisión salarial al alza es de un 3,7%. Es la llamada espiral precios-salarios.

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Aunque los niveles tan bajos de endeudamiento de las familias y las empresas revelan una economía más saneada, también tienen otra cara. Apuntan a una posible ralentización del consumo, uno de los motores del crecimiento, y de la inversión, la otra palanca. Pero, en cualquier caso, el Banco de España apunta todavía a un crecimiento de la actividad económica en el Estado y a una reducción del paro. La evolución de la inflación, disparada hasta el 3,8% en la zona euro en septiembre, apunta a nuevas subidas de los tipos de interés por parte del BCE. El encarecimiento del precio del dinero suele ser la receta idónea para controlar el alza de los precios, pero el BCE debe evitar que la reducción del crédito que provoca no enfríe demasiado el crecimiento.