Elecciones y regreso de Puigdemont

Ha sido evidente para todo el mundo la relación causa-efecto del desahucio de Maricarmen Abascal y la convocatoria anticipada de elecciones por parte de Pedro Sánchez, aunque esto contradijera todas las veces que había asegurado que iríamos a las urnas el año que viene. La maniobra se empezó a ver venir desde el momento en que los ya famosos dos decretos de vivienda fueron llevados al Congreso precipitadamente para que los convalidase el Congreso y a Sánchez no se le enfriase el caso y pudiese sentir como propia la indignación popular que se produjo y la huelga general que resultará de ello.

Pero no todo se explica por los desahucios. Quien tiene el poder de pulsar el botón de las elecciones considera todos los factores. Por ejemplo, la situación del rival. Feijóo no ha acabado nunca de arrancar y todas las encuestas dicen que el PP necesitará a Vox para gobernar, escenario que permitirá a Sánchez blandir el fantasma del miedo a tener a la ultraderecha en el gobierno.

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Y entre estos cálculos está el de aguar la carga histórica, política y emocional del regreso de Puigdemont sumergiéndolo en una campaña electoral y, además, de temática española. Precisamente por todo ello es altamente improbable que Puigdemont vuelva para subirse a los atriles de los mítines, por más que su presencia animase al partido. Nueve años de exilio, habiendo evitado las prisiones españolas, no es probable que se acaben con Puigdemont convertido en un corte de voz más de los bloques electorales de una campaña en la que no es candidato.