La emoción de la partida
Dice Ramon Madaula que hacer de padre es como jugar a siete y medio: o te pasas o haces corto. Con toda probabilidad, lo dice después de muchas partidas perdidas (y tantas ganadas), y por eso ha escrito la obra teatral Loop, que estos días se está representando en el Espai Texas de Barcelona.
Loop tiene varias virtudes: es concisa y directa, y el texto es ágil y está escrito con toques de humor y ternura. Las interpretaciones del propio Madaula y de la joven Julia Genís son eficaces y están al servicio de este diálogo entre padre e hija –convertidos a ratos en hijo y madre sin solución de continuidad– que se va tensando y relajando sin que el espectador prácticamente se dé cuenta. Pero Loop tiene aún otra virtud, la más importante: prácticamente ningún espectador puede dejar de sentirse implicado o identificado en algún momento. Todos hemos sido hijos o hijas, y la mayoría de nosotros somos padres o madres o lo acabaremos siendo. Todos vivimos inmersos en lo que –como nos recuerda Madaula– el gran Pau Riba llamaba el combate de quererse.
Hace unos días el Espacio Texas me invitó a ver Loop y, a continuación, mantener una conversación con el autor de la obra sobre este gran tema literario que son y serán las relaciones entre padres e hijos, éste loop eterno que enlaza una generación con otra sin inventar nunca nada, apenas modificándolo en función del contexto que nos ha tocado vivir.
Después de la obra y de la conversación con Madaula y su público, empecé a dar vueltas al problema que habíamos acabado encuadrando: cuando eres padre o madre, con la experiencia, te acabas dando cuenta de que quizás tus padres tenían razón en muchas cosas (pero ya no estás en tiempo de decirlo) sin embargo, no puedes evitar cometer errores parecidos con tus hijos. Es probablemente una condena por el hecho de ser humanos.
¿Hasta qué punto debemos ayudar a los hijos sin sobreprotegerlos? ¿Qué grado de intervención debemos tener en su vida cuando ya entran en la edad adulta? ¿Cómo han condicionado nuestra vida a nuestros padres? ¿Queremos o no queremos condicionar la de nuestros hijos? ¿Siempre creemos que nosotros lo haremos mejor? ¿Somos así de ingenuos?
Crecí echando de menos a un padre idealizado que murió demasiado pronto y tratando de alejarme de un modelo de maternidad que me ahogó durante la adolescencia. Ahora que ya tengo a los hijos mayores, me doy cuenta de que mi madre también acertaba en muchas cosas, y me encuentro reivindicando actitudes que ni yo misma sé mantener siempre. Estoy segura de que cada espectador de Loop hará reflexiones personales al salir de la obra.
Mi recomendación es que lo vaya a ver –al Espacio Texas o cuando la lleven de gira por el país– y que después se dedique un buen rato para recordar qué tipo de hijo/a fue y qué tipo de padre/madre sois o quiere ser. También es muy probable que este montaje teatral, con dirección de Mònica Bofill, le invite a mantener una conversación con los de arriba y/o los de abajo, alternando –como hacen en la obra– el papel de padre/madre con el de hijo/a.
¿Por qué jugamos al siete y medio si sabemos que hay tantas probabilidades de que nos pasemos o hagamos corto? Pues por la emoción de la partida y porque, cuando haces siete y medio, cuando aciertas, ¡qué alegría tan grande!