Epstein no termina nunca

El departamento de Justicia de EE.UU. ha publicado tres millones de páginas, 180.000 imágenes y 2.000 vídeos relacionados con el delincuente sexual Jeffrey Epstein. Todo este material ha salido a la luz porque la ley obliga a hacerlo, pero más tarde del plazo fijado y, según la abogada de las víctimas de ese violador en serie, mal. Porque también han salido a la luz algunos de los nombres de estas víctimas. Y eso que dicen que lo censurado en toda esta documentación es, precisamente, para protegerlas. Las chapuzas judiciales son internacionales. Y el machismo también.

Epstein se relacionó prácticamente con todo el mundo que era "alguien" en el momento en que tejía su red de contactos. Algunos nombres son más sorprendentes que otros, algunos mails más explícitos que otros, e imágenes como las del ex príncipe Andrés de Inglaterra arrodillado junto a una mujer joven (por no decir menor de edad) son tan repugnantes que cualquier defenestración del personaje es poca. ¿Pero todas las personas que se relacionaron con Epstein son pederastas y violadores? El lingüista Noam Chomsky, que aparece en una foto en uno de los jets privados de Epstein y en varias conversaciones, ¿formaba parte del grupo al que se le proporcionaba niñas para tener sexo? No hay pruebas. Por el respeto que le tenemos a este intelectual queremos pensar que no, pero precisamente por el mismo respeto no queremos ver cómo Chomsky se relacionaba con un hombre como Epstein, aunque sólo fuera para hablar de política o economía. Existen pruebas de la relación. Como de tantas otras. Chomsky no está en condiciones físicas de hablar de ello y no lo aclararemos. Quien sí ha hablado es Bill Gates. El filántropo. La historia de Gates y la supuesta enfermedad de transmisión sexual relacionada con su divorcio —parece que fue una de sus causas—, y sus últimas declaraciones diciendo que fue un "insensato" por relacionarse con Epstein. Luego, claro, añade que las afirmaciones del violador en serie sobre él son "absolutamente absurdas y totalmente falsas". Todo esto dice mucho de este entramado construido por un depredador que no estaba solo. Y también dice mucho de cómo tejemos nuestros entornos.

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Estoy convencida de que mucha gente que se relacionó con Epstein no cometió ningún delito sexual. De la misma manera que estoy segura de que no podemos poner la mano en el fuego por muchas personas que conocemos ni podemos fiarnos de los presuntamente inocentes que aseguran que "todo es falso" y tienen un perfil tan tirano como Trump. Cuando la credibilidad es débil también es por algo. Y Trump sólo dice las cosas por la boquilla grande cuando le conviene. Como le ha convenido insultar a una periodista de la CNN que le ha hecho una pregunta sobre el caso Epstein y él ha sorteado la respuesta para engaltarle "nunca le he visto sonreír". Porque en el universo de Trump, las mujeres debemos reír; si no, somos unas amargadas. Pero de Epstein, ni mu. Como hace un tiempo, cuando otra periodista le preguntó también sobre el pederasta y recibió un "silencio, cerdita" de parte del presidente de EEUU. Calladas y sonrientes. Ésta es la imagen perfecta de las mujeres para Trump. Y si protestan contra el ICE, muertas. Ciertamente, no hay pruebas de delitos sexuales contra el presidente de EEUU, pero los delitos verbales contra las mujeres se acumulan en el Despacho Oval. Y lo peor: el poder sigue siendo todo suyo.

Las personas como Epstein son grandes embaucadores. Y muchas personas son presas fáciles ante el poder y la riqueza que engaña, lo que no impide que el depredador sexual se relacionaba con otros depredadores sexuales y que a las víctimas nunca se les hará justicia.