El 'éxito' de Feijóo

"Después de lo que hemos visto, la lección de feminismo se la debieron explicar en los prostíbulos", dijo, en sede parlamentaria, Alberto Núñez Feijóo dirigiéndose al presidente Sánchez, con el rictus tenso de quien cree haber hecho diana. La política española vive una situación complicada, con la extrema derecha ganando presencia e iniciativa en todas partes, capitalizando un malestar que debilita la resistencia de Sánchez. Y Feijóo, atrapado en sus complejos, en vez de dar consistencia a una alternativa, limita toda su presencia pública a la criminalización del presidente del gobierno con una escalada grosera que roza el ridículo. En medio de los procedimientos judiciales abiertos recientemente contra socialistas y exsocialistas, ha hecho del sexo su tema. ¿Hasta dónde piensa llegar?

Feijóo parece orgulloso de sus ocurrencias, desplegadas en el Parlamento como si fuera un bar de barrio. ¿De verdad cree que el debate político de máximo nivel del Estado tiene que derivar hacia ese alud de grosería y frivolidad? ¿Es con ese exhibicionismo infantil como pretende ganarse la confianza de los españoles? Después los políticos se sorprenden de la mala reputación que tiene su trabajo. Feijóo aspira a relevar a Sánchez en la presidencia del gobierno: es el rol que le corresponde como jefe de la oposición, pero ¿realmente cree que ese show de chuleta de barrio será premiado con la confianza de los ciudadanos?

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¿Qué tiene para proponer? ¿Qué haría si estuviera en el lugar de quien manda? ¿Qué proyecto tiene para los próximos años? ¿Cuál es su visión del mundo y qué puede ofrecer a los españoles? Lleva ya una cierta "mili" haciendo de adversario número uno del presidente, pero cada vez su cruzada es más a ras de suelo. Una vez Sánchez esté fuera, ¿qué? Silencio. ¿No tiene otra forma de atraer la atención de la ciudadanía que jugar a ver quién dice la barbaridad más grande contra el presidente? ¿No tiene una sola cosa concreta de interés general que proponer para encuadrar su discurso? A los hombres por sus actos los conoceréis. Alguien que para poder aspirar a gobernar necesita destruir la imagen del adversario es sospechoso de escasa confianza en sí mismo: incapaz de ganar por méritos propios, hay que vestir de demonio al otro. Pero, Feijóo, ¿qué ofrece de nuevo a la ciudadanía? No le importa, porque las políticas económicas y sociales no las va a decidir él, sino los que realmente mandan.

¿De verdad tenemos que normalizar y aplaudir la mentira sistemática, la manipulación de los hechos, la negación del adversario como principio? ¿De verdad una política democrática se legitima sin otro criterio que satanizar al adversario? ¿No tiene nada que proponer o le da miedo proponer lo que tiene? ¿No es consciente Feijóo de que con esta estrategia le está haciendo el trabajo a la extrema derecha, que, mientras él ladra contra Sánchez, está capitalizando el malestar de la parte de la ciudadanía que la rechaza, prometiendo la salvación de la patria descabalgando a los traidores que la gobiernan? No es de extrañar que cada vez haya más electores de la derecha que, entre las ocurrencias de Feijóo y las exaltaciones de Abascal, giren hacia la radicalización. El gran balance de Feijóo puede acabar siendo haber puesto al PP a remolque de Vox. Todo un éxito.