Felipe de Borbón nos anima

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Felipe VI, entre el presidente de la Generalitat de Cataluña, Salvador Illa, y el ministro de Cultura, Ernest Urtasun, preside esta mañana la reunión del Patronato del Real Monasterio de Poblet.
15/10/2026 - 19:24 h
Periodista

De acuerdo con la plantilla de los discursos que ya utilizaba su padre, Felipe de Borbón ha ido al monasterio de Poblet y nos ha animado, concretamente, a dar “continuidad a todo este entramado de relaciones e intereses comunes que fue en su día el núcleo de este monumento”. O, en un circunloquio aún más críptico: “Existe un enorme potencial de cooperación entre los territorios que hoy ocupan las comunidades autónomas representativas de algunas de las áreas más prósperas y desarrolladas de nuestro país”.

En un mundo perfecto, estos ánimos ni harían falta, porque es de lógica que territorios vecinos, que comparten lengua, historia y vínculos familiares, comparten intereses comunes. El problema es que el Estado español ha trabajado a conciencia para poner fronteras entre Cataluña, Aragón, el País Valenciano y las Islas Baleares, no fuera que de tanto animarnos acabáramos rehaciendo la antigua Corona de Aragón.

Para empezar, la Constitución se pone seria como pocas veces para prohibir: “En ningún caso se admitirá la federación de comunidades autónomas”. ¿Y cómo habría sido posible dar continuidad “a todo este entramado de relaciones” culturales en las épocas en que los repetidores de TV3 en el País Valenciano eran vandalizados? ¿Cómo se puede hablar del "enorme potencial de cooperación", cuando la cultura política española ha creado y aún vive de monstruos analfabetos como la secesión lingüística y criaturas como el LAPAO? Y si hablamos solo de negocios, tendremos que recordar que el corredor ferroviario mediterráneo todavía está por terminar y que la financiación de Cataluña, el País Valenciano y las Islas Baleares es una mano atada a la espalda para el bienestar de sus habitantes. Evidentemente, el propósito del Estado ha sido recordarnos vagamente el pasado cuatribarrado común, porque lo que cuenta es que Aragón, Cataluña, las Islas Baleares y el País Valenciano “son inseparables de la realidad de España”.

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