Financiación y bajos instintos
El exconseller Jaume Giró empezaba la semana en los Mañanas de 3Cat con una sentencia sobre el acuerdo de financiación entre PSOE y ERC que podría suscribir cualquier socialdemócrata y cualquier liberal de los de toda la vida: "¿Es un acuerdo perfecto? No. ¿Es un buen acuerdo? Sí, y deberíamos aprovecharlo". Acompañaba este mensaje (que iba dirigido directamente a Junts, partido con relación al que Giró ahora se declara simple militante de base) con una reflexión sobre el deseo y la realidad, sobre lo que se quiere y lo que se puede: en definitiva, sobre lo que suele llamarse pescado al cuerno y que era, como recordó Giró, del pujolismo. Del pujolismo y, en general, de la práctica de la gobernanza en democracia, un arte transaccional.
A primera vista, parece complicado justificar la negativa a un modelo que supone una mejora objetiva delstatu quo (la latinada que la ministra Montero ha puesto en forma de cláusula de cierre del acuerdo). Quiere decir, lo destatu quo, que ninguna comunidad puede perder recursos, algo que si se cumple vendría a ser como la sublimación del café para todos: no sólo hay más café, sino que nadie puede recibir menos de lo que ya se tomaba. El modelo, por su parte, no es una estación de llegada: no imposibilita la reclamación del concierto económico, ni la idea de la independencia. Es compatible beneficiarse del nuevo modelo —si llega a aprobarse y aplicarse, que es la otra cuestión— y que sea independentista quien tenga humor para serlo. Eso sí: como decía también Giró, la plena soberanía de Catalunya parece hoy por hoy un poco lejos. No tanto por la acción del españolismo como por el decaimiento (lo llamaremos así por ser suaves) del independentismo catalán.
El españolismo se encuentra en otros cometidos: el principal, derribar el gobierno actual presidido por Pedro Sánchez (al que acusan de traidor, criminal e ilegítimo) y hacer uno nuevo con la derecha patriótica. Este mismo lunes, tres encuestas encargadas por tres diarios (El País, La Razón y El Español) vaticinaban una vez más una victoria electoral del bloque ultranacionalista formado por PP y Vox, con una fuerte subida del partido de Abascal a expensas del de Feijóo. No importa que el no liderazgo de este hombre, de Feijóo, sea cada día más balbuciente y errático: ya se sabe que en política hay ciclos, y corrientes, e inercias, y ahora el ciclo, la corriente y la inercia benefician a la derecha extrema y la extrema derecha. En esta circunstancia, para el PP, justificar su negativa al nuevo modelo de financiación resulta tristemente sencillo: les basta con rasgarse las vestiduras gritando que se roba el dinero a los españoles honrados para dárselo a los independentistas golpistas. Así lo repite, sin ir más lejos, la presidenta de Baleares, Marga Prohens, jugando la carta de la xenofobia anticatalana como nunca había hecho ningún presidente de Baleares: más que Bauzá. Cuando se habla de financiación siempre salen los mismos bajos instintos, y lo menos inteligente que se puede hacer es contestar con gesticulaciones solemnes pero vacías.