Florentino, el poder no recula

1. El Real Madrid ha tenido una temporada en blanco en fútbol. Y en baloncesto. Y en fútbol femenino. Cien por cien de fracasos. Ni un solo título para el club con el mejor palmarés de la historia. Ante los éxitos del Barça de Flick, había que correr una gran cortina de humo, y Florentino Pérez se inventó unas elecciones exprés para que el madridismo tuviera una apariencia democrática. Las ha ganado sobradamente. Ninguna sorpresa. Ahora podrá hacer lo que quería: vender el 5% –o el 10%– de la propiedad del club para ingresar cerca del millar de millones que el Madrid necesita con cierta urgencia. El sobrecoste de las obras del estadio Bernabéu –el pastel no solo ha sido arquitectónico– les obliga a ingresar de donde sea, aunque eso quiera decir que los socios ya no serán nunca más los dueños de la totalidad del club.

2. En aquella rueda de prensa –la primera en once años– donde nos dimos cuenta de que el presidente del Madrid hacía catálogos, Florentino retó a la oposición a que se presentara para poder debatir modelos de club. Enrique Riquelme recogió el guante, pero después no ha habido debate. Ni un solo cara a cara. Ni ecuanimidad periodística. Al recién llegado se le ha criticado todo y se le ha machacado en las entrevistas. Al presidente, alfombra roja, masajes de propaganda y una ausencia de crítica que, de tan evidente, da vergüenza. El aspirante Riquelme ni siquiera ha tenido acceso al censo electoral. Y no pasa nada. Las votaciones por correo han sido otra jugada sin igualdad de oportunidades. Y aquí paz y después gloria. Florentino repapotea, pero el poder no. Y, en Madrid kilómetro cero, es implacable.

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3. Enrique Riquelme ya ha levantado un imperio a los treinta y siete años, pero ahora se ha dado cuenta de cómo gasta el poder. El poder de verdad. Él, que domina la energía eléctrica en América Latina, él que puede montar una campaña electoral en una semana, él que puede presentar un aval personal de 187 millones de euros, él que tenía el apoyo de Raúl, Hierro y Del Bosque, ha visto cómo el poder te cierra la puerta en las narices. Solo un ejemplo. Acostumbrado como está a hacer negocios con los bancos más importantes, y por cantidades que no sabemos ni escribir, ha visto cómo la banca española le cerraba el grifo para ayudarle en el aval a la presidencia del Madrid. Con una llamadita bastaba para que le dieran la espalda. Al fin y al cabo, consiguió presentar el aval gracias a un banco de Andorra y uno de Canadá. En España, no le han dado ni un vaso de agua. Nada nuevo. Florentino Pérez, con 37 años, cuando era la mano derecha de Miquel Roca i Junyent como secretario general del Partido Reformista Democrático, ya tenía el poder financiero en la mano. En aquella campaña de 1984, la central de medios exigía a Florentino cobrar por adelantado las páginas de los anuncios de cada día. El día que no pagaron, los anuncios a página entera no se publicaron. Al día siguiente, March y Botín llamaron a la central de medios: no hacía falta que esperaran la confirmación de los pagos; los dos bancos respondían por él.

4. En esta campaña electoral –si es que se puede llamar así– se ha hablado más de ACS y de Cox que de fútbol femenino –que ni siquiera se ha mencionado–, o de La Fábrica, que es su Masía pero de pacotilla. Eso sí, fútbol y fichajes. Ni la promesa de Riquelme de contratar a Haaland y Rodrigo le ha servido de mucho. Los socios del Real han votado a Florentino a ciegas, aunque fuera el candidato preferido del 75% de los barcelonistas. Ayer, en Madrid, solo había dos nombres propios. Dos que van de blanco. El Papa y el "ser superior”, como lo bautizó Butragueño. León XIV está de paso, Florentino se quedará cuatro años más. O ocho. O hasta que la salud diga basta. O hasta que Mourinho lo arrastre con él, más pronto que tarde. Ese sí que es el sueño compartido por los barcelonistas.