El franquismo no tiene edadismo
La última vez que vi a Jordi Pujol hablamos sobre el Big Ben. Rac, rec, rec. El president busca en su sistema de carpetas infinitas. Aquí. Esto. Y volvemos a la discoteca con sus palabras. Aquello y aquel. Y entra por aquí y sale por allá. También estuvo allí. También la vivió.
Pujol sabía qué significaba aquella nave espacial aterrizada en medio de la nada de donde no bajaban extraterrestres: subían terrícolas. Para elevarse hacia el espacio sideral. Hacia el planeta libertad. El Big Ben nace en 1976. Antes de que volviera Tarradellas. Antes del retorno de la Generalitat, el Estatuto, las primeras elecciones, la Constitución… Ya existía. El Big Ben fue un vanguardista plebiscito democrático. Urnas nocturnas de libertad. Europeísmo cuando nadie veía que somos carolingios (era la discoteca más grande de Europa). También antes del nacimiento del AVUI. El primer diario en catalán desde la Guerra. Bien lo sabe Pujol.
Era 1938. Tenía siete años cuando veía a su padre y a su tío leyendo aquellos diarios en catalán de la República. Y se añadió: “Ha caído Lérida. Hemos perdido Lérida. Esto venía del comunicado de guerra... Leíamos el comunicado de guerra. Yo, aunque era muy pequeño, pero ya leía el comunicado de guerra”. Después ya saben lo que viene. Lérida es Desde las colinas al otro lado del río. La reconquista, la reconstrucción, la resurrección. La fotografía de Lérida (con otra del Ebro) que tenía en la prisión de Zaragoza mientras escribía el libro. Después de los Hechos del Palau. La detención, las torturas, la condena. Y ahora, después de todo de todo, al president, con casi 96 años, con su estado de salud, con todo de todo, le obligan a ir a declarar físicamente a la Audiencia Nacional. “No tenemos ninguna intención de estigmatizar [a Pujol], pero tampoco queremos caer en el edadismo”, dice José Ricardo de Prada, el presidente del tribunal que juzga a la familia Pujol. La pregunta es si solo el president tiene edadismo. ¿El franquismo no tiene edadismo?
¿Dónde están las decenas de diarios y revistas antes del AVUI? ¿Dónde están los edificios, los despachos, los muebles, los papeles? No han retornado a sus legítimos propietarios. ¿Dónde está la realidad de la Generalitat, ayuntamientos, partidos políticos, sindicatos, asociaciones, ateneos, empresas, domicilios particulares… que se llevaron la guerra y la dictadura? No han vuelto. No hay edadismo aquí. ¿Dónde están los juicios contra los dirigentes franquistas? ¿Y contra un régimen ilegal? No hay edadismo. ¿Se puede juzgar cuando antes no se ha juzgado?
En 1940 la dictadura saca la pistola legal con la ley para la represión de la masonería y el comunismo. Para disparar crea el Tribunal Especial de Represión de la Masonería y del Comunismo: más de 60.000 procesos entre muerto y vida. De aquí sale por evolución nacional el Tribunal de Orden Público (TOP) en 1963: un F5-refresh de la represión de siempre. Y la criatura continúa la metamorfosis camaleónica patriótica: en 1977 deviene la Audiencia Nacional. España es un estado-nacional-judicial-biológico. No tiene nunca edadismo. Antiaging por decreto ley-letal. Nunca se juzga a sí mismo. Nadie nunca ha hecho nada. Nadie nunca ha de devolver nada. “La vida sigue igual”, canta el filósofo del régimen redonda. El mal Estado de la eternidad. Su Dios, su rey, su tribunal. Suyo no es mío, pero siempre quieren lo tuyo. La libertad de Cataluña siempre la llevará antes una discoteca mía, nuestra.