Gabriel Ferraté: un gran maestro, un sabio, un gran amigo

Ante la triste noticia del fallecimiento del profesor Gabriel Ferraté i Pascual, he de decirles que ha sido mi ejemplo a seguir en la Universidad. Comenzaré describiendo el primer momento en el que lo conocí y el último que compartí con él.

Lo conocí en el año 1975 en la Calle Baixa de Sant Pere, donde era profesor de la escuela Técnica de Ingenieros de Telecomunicación, un año después de acabar mis estudios en la Escuela de Madrid. Vino rodeado de un montón de planos y fumando en una de sus múltiples pipas y nos deleitó con la explicación de lo que sería el futuro Campus Nord de la UPC, donde se instalarían las Escuelas de Ingenieros de Telecomunicación, de Caminos y la futura Facultad de Informática. Era tal su ilusión al explicar el proyecto, que nosotros, que estábamos en el antiguo institut del teatre, como si fuera un pequeño campo de concentración que caía a trozos, nos lo creímos. La penúltima vez que lo vi fue el día 16 de noviembre del 2022, comiendo con él y con Josep María Oliveras. Solíamos hacerlo algunas veces. La última fue el 14 de febrero del 2023, donde acompañó al president Pujol, junto a su hijo Pere, a visitar e interesarse una vez más por el BSC, y, disfruté de la conversación que mantuvieron ambos, junto con Andreu Mas-Colell, Ramón Pascual, Josep María Martorell y Jordi Guardiola. Siempre lo vi alegre y positivo; era su forma natural de ser. Nos solía repetir que le había dicho muchas veces al siempre también añorado Eduard Punset que él moriría a los 113. Siempre le preguntaba por qué a esa edad y él decía que porque así él lo había decidido. De hecho, muchas veces, a partir de los 70 años, le decía a todo el mundo que él había decidido no morir joven, y que lo había conseguido. Increíble su sentido del humor.

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Entre estos dos momentos separados por casi 50 años he tenido la inmensa suerte de aprender y de estar a su lado en muchos momentos.

Al profesor Gabriel Ferraté le recordaremos como el rector que creó la UPC actual y que la puso en el mapa de calidad docente, investigadora y de transferencia de tecnología a nivel mundial. Su imaginación no tenía límites. Y el esfuerzo que dedicaba a convertir sus ideas en realidad no conocía descanso. Dormía muy, muy pocas horas.

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A Gabriel le tocó lidiar con la implementación de la LRU, Ley de Reforma Universitaria, creando los nuevos estatutos de la Universidad. No quiero decirles la cantidad de opiniones diversas que había entre los profesores, alumnos y personal de administración y servicios. Gabriel siempre buscó el consenso y encontró una organización matricial con centro y departamentos que ha sido copiada en muchos otros lugares.

Era un trabajador incansable. Recuerdo los domingos y muchas noches hasta la madrugada, de los años 1984 y 1985, en los que nos convocaba, junto con el vicerrector Manuel Casteleiro, a los profesores José Bernardo Mariño, director de la Escuela de Teleco, a Eugenio Oñate, director de la Escuela de Caminos y a mí mismo como decano de la Facultad de Informática para decidir la estructura del futuro Campus Nord, para decidir que espacios ocuparía cada una de las escuelas y el orden de construcción. Era una persona que siempre buscaba el consenso. Era un visionario y ponía toda su energía y tiempo en hacer que sus sueños se convirtieran en realidad.

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Suya fue la idea de conectar la Universidad con la empresa, tema difícil en aquellos tiempos. Y lo hizo a nivel personal creando una empresa para mejorar la gestión de los semáforos, aplicando la última tecnología existente, o creando el Instituto de Robótica, el centro de Cálculo de la UPC, o un centro de diseño por computador y apoyando iniciativas de otros profesores como las del profesor Eugenio Oñate para crear el CIMNE, Centro Internacional de Métodos Numéricos en la Ingeniería, las del profesor Miguel Ángel Lagunas para crear el CTTC, Centro de Transferencia y Telecomunicaciones de Cataluña, la del profesor Lluís Torner para crear el ICFO, Instituto de Ciencias Fotónicas, o la mía para crear el CEPBA, Centro Europeo de Paralelismo de Barcelona que 20 años después, en el 2004, dio lugar al actual BSC, Barcelona Supercomputing Center. De hecho, disfrutaba contando a todo el mundo que su amigo Mateo Valero había creado un centro de paralelismo y perpendicularismo.

Era un enamorado de la tecnología; siempre reía al mostrarnos los últimos artilugios en miniatura que había comprado en sus últimos viajes a Japón o a Estados Unidos. Pero también era un enamorado de la Cultura, de la música, de la literatura en general y de la poesía muy en particular con sus grandes colecciones. Disfrutaba haciendo cosas útiles y nos hacía felices a los que teníamos la suerte de compartir tiempo con él. Y siempre pensando en el futuro. Ahora vemos muy normal la existencia de la UOC, pero fue otra de sus visiones y sueños. Supo aprovechar el espacio y el tiempo, el que la tecnología de Internet ya estuviera preparada para dar buena educación a distancia mejorando considerablemente las Universidades de educación a distancia que no utilizaban Internet.

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Gabriel era una persona muy servicial, dedicaba todo el tiempo necesario a ayudar a cualquier miembro de la comunidad universitaria. Siempre que lo necesité, lo tuve a mi lado. Sus consejos eran agua de mayo en tierras de secano y me animaban a seguir. Siempre le llamaba “mi jefe”, para demostrarle mi enorme respeto a su obra y por su enorme gratitud.

Nos ha dejado un amigo, pero el inmenso legado que creó en miles de personas perdurará para siempre. Para muchos de nosotros, siempre será “nuestro rector, nuestro profesor y nuestro amigo”. Una persona que ennoblece a lo más alto a la Institución Universitaria.

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Amigo Gabriel, descansa en paz, siempre te llevaremos en nuestros corazones