Gente mayor afectada por la huelga en las bibliotecas
Me escribe Josefina, presidenta del Aula de Extensión Universitaria de Sant Andreu, que se reúne en la Biblioteca Municipal Ignasi Iglesias. Resulta que los trabajadores de las bibliotecas de Barcelona están en huelga desde mayo, y esto significa que este grupo de personas mayores se ha quedado sin refugio climático en verano y sin auditorio para las clases que han comenzado en otoño. Han tenido que recurrir a otro espacio menos céntrico y que tiene un coste que no podrán asumir durante todo el curso. Son personas mayores, activas, que procuran no perderse ni una salida ni una conferencia. De aulas como esta las hay por todo el país, y son de un valor enorme en términos de relaciones humanas, de bienestar emocional y de calidad de vida de barrio y de pueblo.
Josefina no se queja de la huelga, ya lo entiende. Solo me pide si "nos podría echar una mano a todos juntos, poniendo el foco de la opinión pública en esta vergüenza que es que no puedan funcionar como Dios manda los servicios públicos", porque la huelga ya hace meses que dura y no se le ve el final. Estaban pendientes de una reunión entre el Ayuntamiento y los huelguistas a finales de septiembre, pero no han sabido nada más.
Los tiempos de la administración pública son desesperadamente lentos para el tiempo de las personas. En la política cualquier cosa le cuesta demasiado. Incluso en la administración más micro todo es muy macro, todo se acaba supeditando a intereses más grandes, cuando no usan la excusa de la seguridad jurídica o de las consultas a no se sabe cuántos organismos de control, que sirven para esconder pereza, incompetencia o ganas de pasar el problema a alguien más. Ahora que vienen elecciones oímos proclamas solemnes, angustiadas y justificadas como la de parar los pies al fascismo. Pero estaría bien que las administraciones se esforzaran mucho más en dar sentido a la utilidad de su existencia.