Qué hay tras el regreso de Ada Colau
La figura de Ada Colau emergió en la lucha por una vivienda digna y asequible para todos. Un activismo juvenil que la acabó llevando a convertirse en la primera alcaldesa de Barcelona cuando tenía 41 años. Desde el cargo (2015-2023), a pesar de las dos legislaturas en el poder, el avance en las políticas de vivienda fue limitado, frustrante. Sigue siendo el gran problema en la capital catalana y en todas las grandes ciudades. Solo hay que ver las promesas que han llevado a la victoria de Zohran Mamdani en Nueva York y de Elif Eralp en Berlín: el acceso a la vivienda está marcando la emergencia de un nuevo progresismo. El fenómeno se está abriendo paso en el mundo urbano, donde el problema es sangrante y donde el voto de izquierdas acostumbra a tener más peso. Madrid, tan escorada a la derecha populista, es una excepción mundial.
Colau cerró su etapa de alcaldesa con un regusto agridulce. Fue objeto de durísimas campañas de desprestigio personal y no pudo sacar adelante las políticas radicales que anhelaba. Sintió el peso y la impotencia del poder. Sin el acompañamiento legislativo a nivel catalán y sobre todo estatal, quedó falta de herramientas legales para dar un salto en vivienda. Todo ello la llevó a una retirada de la arena pública. Incluso a una huida a Italia, al estilo Maragall.
Pero lleva la política en la sangre. Era cuestión de tiempo que decidiera volver. Y se apunta a hacerlo en el ámbito estatal, para recomponer el embrollo en el que se ha convertido el espacio a la izquierda del PSOE, para intentar acabar con la lucha fratricida entre Sumar y Podemos, y las izquierdas periféricas. El verso libre de Rufián desde ERC era imposible que lo consiguiera; ella quizás sí. Quizás. Y quizás también lo intentará a la manera maragalliana, con un movimiento de base más allá de los partidos. Esa es la idea. Veremos. Por descontado, se trata de que vuelva a sumar la mayoría de izquierdas con los socialistas. Se trata de frenar la ola PP-Vox.
El regreso de Colau nace, pues, de un doble impulso: hacer frente a la ola reaccionaria española y global y acceder al poder real del Estado para poder ejecutar políticas de cambio efectivas, por descontado sobre todo en vivienda, que hoy en día es el elemento que más marca la desigualdad social. Si tienes un piso de propiedad o puedes acceder a uno de alquiler público, no vives ahogado. Si dependes de los precios del mercado, sencillamente sobrevives o, en el peor de los casos, acabas en la calle, como le ha pasado a Maricarmen a sus 87 años.
Pero si en Barcelona-Cataluña la Colau recién llegada a la política desde el activismo generó muchos anticuerpos, en Madrid, a la Colau barcelonesa-catalana le espera un recibimiento tanto o más duro. En la capital española la polarización es cainita. Es verdad que PP-Vox ya tienen en Sánchez un enemigo de campeonato. Pero una Colau que se presente como la otra cara de la moneda de Ayuso despertará también los tambores de guerra ideológica, con todas las derivas personales que hagan falta. Le hará falta piel gruesa.
Y mientras, en Barcelona, su exnúmero dos, Gerardo Pisarello, buscará hacerse un hueco en el Ayuntamiento. Pisarello confía en que la aparición de Colau en Madrid le impulse también a él en Barcelona. Espera que de alguna manera hagan tándem de nuevo. Él es un político atípico, de perfil intelectual, que genera simpatías más allá de su entorno ideológico, una cara amable y culta, dialogante; un inmigrante integrado, catalanizado. No es un líder fuerte, cosa que, paradójicamente, le puede jugar a favor. Tampoco se puede decir que entre sus rivales haya grandes líderes. De hecho, no hay ninguno.
Colau, aunque muchos aquí no lo entiendan, es una figura internacional. Lo que hoy representa Mamdani desde Nueva York y lo que puede pasar a representar Elif Eralp desde Berlín, en su momento lo simbolizaron Ada Colau en Barcelona y Anne Hidalgo en París. Con este crédito global, con la apuesta ideológica por frenar a la ultraderecha, con la bandera concreta de la vivienda y con el perfil de catalana no nacionalista es como se presentará en España.