¿Dónde he dejado las gafas?
El director médico de l’IMO Grup Miranza Barcelona nos ofrece este titular en ARA: "Contamos con soluciones avanzadas para decir adiós a las gafas". Antes de seguir leyendo que se refiere al cuidado de la miopía, las cataratas y todo tipo de afecciones boomers, sonrío con sarcasmo. Mis cincuenta mejores amigas y yo tenemos unas cuantas, de soluciones para decir “adisós” a las gafas:
Tirar la basura con las gafas en la mano, que nos hemos quitado para marcar el número secreto del nuevo sistema de contenedores inteligentes e ininteligibles, con tan mala fortuna que las hemos tirado junto con la bolsa. Una vez caídas en el interior del receptáculo, no hemos podido tirarnos dentro a buscarlas, porque se cierra automáticamente y, aunque no fuera así, no las veríamos, porque ya han caído en la zona “lejos” (hay que llevar gafas para verla) y no en la zona “cerca” (hay que quitarse las gafas para verla).
En el supermercado, leer las calorías y los carbohidratos de un paquete de pan proteico que te han encargado, con las gafas fuera de los ojos. Al cabo de un rato, ver que no ves, buscar las gafas y no encontrarlas. Mirar en vano en el estante de los panes, en la nevera de los yogures y en el bolsillo. Finalmente, palparte la cabeza y descubrirlas a modo de diadema.
Dejártelas en el sofá (para leer no te hacen falta) y descubrirlo cuando alguien se ha sentado encima de manera irreversible.
Dejarlas dentro del armario de la ropa.
Dejarlas en un taxi, en el tren, en un banco de la calle.
Dejarlas en el lavabo del restaurante donde has comido.
Dejarlas... ¿Dónde las he dejado? En ninguno de estos lugares que acabo de enumerar. No, no las llevo puestas... ¿Dónde están? Les tendré que decir adiós otra vez.