Los humanos sueñan robar corderos reales
El año pasado unas criaturas de poca monta, enfermizas y perezosas acabaron en un centro de su salud. Les hicieron abrir la boca y la lengua estaba azul. Fiebre catarral ovina. La veterinaria descubrió, sin embargo, síntomas de otra patología. Una prueba más de que aquello era una peste, una plaga: los corderos eran robados.
Los roban para el ñam-ñam a granel. Como ya han industrializado la recolección de cerezas, manzanas, tomates, calabazas… Estamos ante start-ups que van cagando leches siderales con su clinc-clinc. Está el cazador de tendencias con gafas HMD. Los desinstaladores del hardware bestial. Los intermediarios que chupan bytes. Y las tiendas deslocalizadas que exponen un robo recién salido del horno como un producto nuevo de paquete. Hay una Cataluña de corsarios del cordero. En todo el país bandas empresarialmente organizadas afeitan los corderitos de Dios pastor y los ofrecen como sacrificio a los altares comerciales más elevados de este valle de lágrimas. Y sin decir ni beeee….
Las nuevas tecnologías también han llegado a las viejas tecnologías de la rapiña. Muchos corderos robados se anuncian en plataformas digitales superpopulares de compra y venta de cosas de segunda mano. Literal, animal y letal. El sismograma del #cordercat nos señala zonas calientes donde los animales del rebaño son extraídos en minutos y en unos minutos más ya están en otro lugar a la brasa. Hay un cuchillo animal entre la Conca de Barberà, Priorat, Garrigues, Ribera d’Ebre. Geolocalizamos casos como neones: Ulldemolins, Vallclara, Llardecans, Juneda… El cordero es ya primero digital, después real. Los píxeles hacen venir saliva y meter mano a la carne conlleva dinero. Mucho. El precio del cordero está por las nubes terrenales. De 400 a 500 euros por criatura. Los hacen volar holísticamente, integralmente, absolutamente: en corrales, cercados, mientras meriendan, hacen la siesta o sueñan qué harán de mayores. No roban uno. Roban 20, 25, 30. Usad la calculadora del beeee… Mucho dinero. Se necesita mucho para que este clúster funcione a todo rebaño. Coged el móvil.
Unas personas compraron por la app unos corderos. Clic. Van a buscar el pedido. En el bosque aparador les espera un chico cuidando los animales… Robados en 24-48 horas. Incluso tienen baby corders sitters. La confusión es total. Pastores irreales que son ladrones reales. Pastores reales sin corderos reales. Compradores cómplices. Compradores ignorantes. Nuevos perfiles profesionales máster en latrocinio. El robo es ya un I+D. El mangante un emprendedor. El mundo al revés. El país no va ni bien ni mal.
Porque todo esto pasa “en el territorio”. Ladrones de “territorio”. Pastores de “territorio”. Corderos de “territorio”. El neolenguaje orwelliano a la catalana analfabeta manera. Todo esto pasa en la Cataluña vacía llena de robos. Por eso está vacía. Pero no hay ninguna Cataluña vacía: hay una Cataluña llena de personas que no quieren verse ni que les roben. Ni que les quiten la comida. Que les den la tierra, el alma. El futuro no era la ficción: es la realidad.
Se equivocó Philip K. Dick cuando escribió Los androides sueñan ovejas eléctricas? (superpopular por la adaptación cinematográfica: Blade Runner). No hay androides, ni corderos eléctricos, ni ciencia ficción, distopías, ucronías, utopías… La realidad manda, gobierna, decide. Y el cordero es la realidad. Por eso los roban: porque son reales en una Cataluña real. Y falta mucha realidad. Somos pobres y hambrientos de la BSO real: Beeee…