Igualdad en Ceuta
Como que hablamos de la raza humana, era cuestión de días que leyéramos que en Ceuta los juzgados ya “han recibido media docena de denuncias por agresiones sexuales vinculadas al contexto de llegada irregular”. Cuatro o cinco niñas menores de 14 años “han sido atendidas de urgencia por servicios sanitarios a causa de posibles abusos” y el ministerio de Igualdad y el gobierno local “han activado protocolos de seguimiento y apoyo a las víctimas”.
Decir que las agresiones están “vinculadas al contexto de llegada irregular” te hace suponer que probablemente las víctimas son chicas migrantes, de las pocas que llegaron. Algún chico también sufrirá o ha sufrido, y quizá no lo dirá. En una ciudad donde han llegado miles de menores, atraídos por una llamada letal y frívola, quién sabe si interesada, puede pasar de todo. Si ahora cualquier psicópata se va de vacaciones a Ceuta a secuestrar niños, ¿quién lo sabrá?
En este contexto, me parece ridículo que el ministerio de Igualdad active protocolos de seguimiento y apoyo a las víctimas. ¿Seguimiento? ¿Hasta cuándo? ¿Hasta que las devuelvan? Creo que el ministerio de Igualdad debe actuar en los casos en que no haya igualdad, que hay muchos. En este caso quizá debería ser el ministerio de Sanidad, el que ayudase a víctimas, menores o no menores, y hombres o mujeres. Quiero decir con esto que actuar para garantizar el seguimiento psicológico de una víctima es necesario, pero también es necesario que tenga una cama donde dormir y un lavabo donde hacer pis, y protección policial, para que todo esto deje de pasar. En este caso de Ceuta están trabajando las ONG, porque la clase política navega entre “hacer” y “no hacer”. Pasa la cuerda. No hacer, no hacer mucho, no sea que los de la derecha española y europea se nos enfaden, pero hacer, hacer un poco, no sea que los vecinos se nos enfaden.