Personas fotografían el aterrizaje de un bombardero B-1 de la USAF en la base de RAF Fairford, en medio del conflicto entre EEUU, Israel e Irán.
Economista
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Según un estudio citado por Cinco Días, el 70,8% de los usuarios de la plataforma de apuestas Polymarket pierde dinero. En el otro extremo, el 0,1% concentra el 58,5% de las ganancias y el 1% acumula el 84,1%. Muchos entran creyendo participar en un mercado inteligente. Muy pocos se llevan casi todo el dinero.

Polymarket se presenta como un mercado de predicción. Sus usuarios apuestan sobre acontecimientos futuros: elecciones, decisiones judiciales, inflación, resultados deportivos, nombramientos políticos o conflictos militares.

Apostar sobre si un futbolista mete un gol, pues vale. Pero apostar sobre si Estados Unidos va a lanzar misiles sobre Irán, pues la verdad, no lo entiendo. Y menos en una plataforma legalizada.

Sus defensores utilizan un argumento falaz. Aducen que miles de personas, incentivadas por dinero real, incorporan datos, análisis e intuiciones. Y, gracias a ello, la suma de todas esas apuestas desemboca en una forma de inteligencia colectiva más rápida y precisa que cualquier noticia o comunicado oficial de un organismo público o corporativo.

A ver, apostar sobre quién ganará unas elecciones ya plantea dilemas. Apostar sobre si un país bombardeará a otro abre las puertas de la inmoralidad. Además, la filtración o información privilegiada es una ventaja opaca que se transforma en dinero.

El Departamento de Justicia de Estados Unidos anunció el 23 de abril de 2026 cargos contra un militar estadounidense acusado de utilizar información clasificada para ganar más de 400.000 dólares en Polymarket con apuestas relacionadas con la operación militar para capturar a Nicolás Maduro en Venezuela.

También hubo sospechas alrededor de apuestas vinculadas a ataques contra Irán. Varias cuentas recién creadas en Polymarket habrían ganado alrededor de 1,2 millones de dólares tras apostar, poco antes, a que Estados Unidos atacaría Irán antes del 28 de febrero de 2026.

Un mercado puede ser técnicamente sofisticado y moralmente miserable. Puede producir información útil y, al mismo tiempo, incentivar comportamientos repugnantes. Puede llamarse predicción, inversión o innovación financiera. Pero cuando alguien gana dinero porque otros van a ser bombardeados, capturados o asesinados, la palabra mercado se queda corta.

¿De qué inteligencia colectiva hablamos? Yo hablaría más bien de inmoralidad colectiva. La guerra ya genera demasiados beneficios indirectos. Convertir su probabilidad o calendario en una apuesta directa va más allá de la obscenidad. La tragedia ajena pasa a tener precio. El dolor se transforma en contrato. Y la muerte, en oportunidad de rentabilidad a través del juego.

Qué asco.

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