Lee si quieres

Hay personas que compran un libro por Sant Jordi para regalar a alguien que no lee nunca ningún libro, que es como si a mí me regalaran una entrada para ir a ver Fórmula 1. Hay personas que lamentan que haya gente que compra libros por Sant Jordi que después no lee. Pero, ¿a cuántos de nosotros no se nos acumulan libros de otros años que todavía no hemos abierto? Hay personas que quieren que la fiesta sea perfecta. Pero la perfección es un concepto teórico. 

Leer no es obligatorio, ni nos hace más libres, ni nos hace mejores, ni ninguna otra virtud que se pueda atribuir solo a la lectura. Leer es un placer para quien le gusta leer, y leer es un acto de soledad que cada vez se hace más en compañía. Fiestas de lectura silenciosa, lo llaman. Leer cerca de otras personas que también leen. Cada uno su libro. Lo que antes se hacía en las bibliotecas ahora se hace en otros lugares, supuestamente más exóticos. El ser humano tiene la necesidad permanente de inventarse cosas, por más absurdas que sean o que nos lo parezcan. O todo a la vez. Los clubes de lectura de la red de bibliotecas de Barcelona han duplicado la oferta en diez años. Estos clubes ofrecen la posibilidad de leer libros que mucha gente no elegiría por sí misma y, al mismo tiempo, comentar la lectura con las otras personas que se han adentrado en el mismo paisaje. Es una manera de relacionarse con las personas tangibles, más allá de los personajes de una novela. Los libros nos hacen compañía, pero no todo el mundo tiene suficiente con los libros. Necesitan que leer un libro sea también un acto social. Los libros nos dibujan como somos las personas, pero las personas, al final, queremos personas de verdad. La necesidad de contacto con otros seres humanos se puede encontrar exclusivamente leyendo, sin tener que salir de casa. Pero cada uno conoce su casa y su necesidad de salir de ella. 

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Leer puede ser maravilloso o una tortura. Hemos conocido personas extraordinarias que no leen libros pero que leen la tierra, y también un montón de imbéciles que tienen la cabeza llena de lecturas. La mayoría de hombres recomiendan libros escritos por hombres (no lo digo yo, lo dice un estudio) y las mujeres recomiendan libros escritos por hombres y por mujeres de una manera mucho más equitativa. Leer no nos acerca a la igualdad, pero continúa enseñándonos las diferencias. Leer, en un mundo lleno de utilidades, no sirve específicamente para nada. Y menos aún cuando la IA puede leer por ti. Pero dar golpes a una pelota con el pie o con una raqueta tampoco sirve para nada, en términos estrictos de utilidad, y mucha gente le tiene afición. A verlo y a practicarlo. Pero la ventaja de leer, a diferencia de estas otras actividades, es que, en principio, es mucho más seguro para nuestra integridad física. Y los libros en sí mismos, cerrados, sí que tienen, utilidad. Poder servir para calzar una mesa, para hacer de soporte para hacer una foto con el móvil o para insonorizar una estancia llenándola de estanterías llenas de libros. El día que los libros desaparezcan definitivamente las casas serán más tristes. Como las casas donde ya han desaparecido.

El móvil nos ha robado horas de lectura y de muchas otras cosas. Antes los premios se recogían con un discurso escrito en un papel y ahora el discurso se lee en el teléfono. Incluso si te dan un premio literario. Pero no hablamos de premios porque cuando escribes, el premio, aunque suene cursi, es que alguien te lea. Que alguien elija tu libro. Pero que lea quien quiera. Que el placer es incompatible con la obligación.