Londres, Bruselas y el reto imposible de dejar el Brexit atrás

Cada nueva amenaza geopolítica ha servido para acercar un poco más el Reino Unido y la Unión Europea. Desde hace un año, Londres y Bruselas están en un proceso de reconexión acelerada y silenciosa. La invasión rusa de Ucrania abrió las puertas a la colaboración en materia de defensa, y la disrupción Trump, engrandecida ahora por el horizonte de crisis económica y energética que genera la guerra en Irán, ha aumentado la necesidad de un entendimiento económico y comercial.

El Reino Unido y Francia ya lideran la llamada "coalición de voluntarios" que estudia el despliegue de una fuerza que garantice el cumplimiento de un futuro alto el fuego en Ucrania. Para Alemania, la defensa europea siempre fue cosa de tres y la inestabilidad continental facilitó rápidamente el entendimiento entre París, Berlín y Londres en materia de seguridad. El intento de Donald Trump de anexionarse Groenlandia en enero y sus amenazas recurrentes de abandonar la OTAN reforzaron, aún más, la cooperación entre europeos. Ahora es la inestabilidad económica la que acelera las negociaciones entre bastidores en Londres y Bruselas para establecer una relación más estrecha a todos los niveles.

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La semana pasada, el primer ministro británico, Keir Starmer, pedía realismo, porque una situación internacional tan "volátil" requiere que Gran Bretaña construya una relación más estrecha con la UE. Casi una década después del referéndum del Brexit, el líder laborista ha encargado a sus ministros que negocien un “reset” que vuelva a alinear la economía británica con el continente.

Starmer llegó a Downing Street en julio de 2024 prometiendo restablecer la relación del Reino Unido con la UE, pero con unas líneas rojas muy concretas: no retornar a la unión aduanera; no retornar al mercado único, y no retornar a la libertad de movimiento. Una de las razones que el gobierno británico da para mantener estos límites es que no quiere renunciar a las ventajas de los acuerdos de libre comercio que ha negociado por su cuenta. Pero la realidad de las cifras demuestra que los acuerdos firmados desde el Brexit con Australia, Nueva Zelanda o la India no compensan la pérdida del PIB como consecuencia de la salida del mercado único y la unión aduanera de la UE.

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Fuera de la Unión Europea hace frío. Y en época de inestabilidad trumpista, aún más. Según datos oficiales, los efectos del Brexit han supuesto una reducción del PIB británico de hasta un 8%; un descenso del comercio de cerca del 15%, y una caída del 18% de las inversiones. Una encuesta reciente, publicada por YouGov, aseguraba que si mañana hubiera un referéndum, el 63% de los británicos votarían a favor de reincorporarse a la UE. Con todo, las heridas del Brexit aún escuecen a ambos lados del canal de la Mancha. Por eso desde Downing Street insisten en que este acercamiento con Bruselas no es una apuesta ideológica, sino una estrategia únicamente en favor de los intereses económicos de los británicos.

En este contexto, en mayo de 2025 la cumbre UE-Reino Unido selló un "entendimiento común" que enumeraba 20 áreas de cooperación a desarrollar. Desde entonces, los británicos se han reincorporado al programa Erasmus+ para el intercambio de estudiantes y profesores, pero el tema de la movilidad de los jóvenes para vivir y trabajar en el Reino Unido continúa encallado. También se negocia la integración del Reino Unido en el mercado eléctrico europeo. Además, los británicos esperaban beneficiarse de las nuevas normas de contratación pública en materia de defensa para potenciar las oportunidades de las empresas británicas, pero estas negociaciones también están embarrancadas. Al mismo tiempo, Londres estudia la mejor manera de alinearse con el mercado único en un intento de reducir los precios y regulaciones para que sus empresas puedan volver a acceder sin trabas a este mercado gigante que tienen cerca. Todo esto se querría concluir antes de las vacaciones de verano y, de momento, se estudia convocar una próxima cumbre entre el Reino Unido y la UE para finales de junio o julio.

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El problema, sin embargo, es cómo dejar atrás el trauma del Brexit. Bruselas es incapaz de superar la desconfianza que provoca el panorama electoral en el Reino Unido porque, aunque haya una hipotética mayoría partidaria de la reincorporación a la UE, las encuestas también dicen que si se celebraran elecciones ahora, Reform UK, el partido del euroescéptico Nigel Farage, probablemente sería la primera fuerza en la Cámara de los Comunes. De hecho, hay informaciones que apuntan a que algunos estados miembros querrían incluir una "cláusula Farage" en las negociaciones, que obligara a un futuro gobierno del Reino Unido a pagar una compensación a la UE si, nuevamente, los británicos decidieran retirarse de los acuerdos firmados. El gobierno de Starmer puede verse atrapado en una paradoja imposible: necesita una mejor relación comercial con la UE para impulsar el crecimiento y reducir las posibilidades de que Reform UK lidere el próximo gobierno, pero la UE solo le dará un trato mejor si está segura de que los de Farage no llegarán a Downing Street.