Dado que puede pasar desapercibida entre polémicas florentinas, hay que llamar la atención sobre la impresionante manifestación que lideró Escola Valenciana el viernes en Valencia. El adjetivo histórico está quemado por los metalenguajes del fútbol y de la política, pero hay hechos que ciertamente lo son, de históricos, no solo como recurso enfático sino porque permanecerán en la memoria colectiva como referente. Esta manifestación del viernes en Valencia por la educación pública y de calidad y en catalán (o en valenciano, como lo quieran decir) creo que es uno de estos hechos, y no lo escribo con más rotundidad porque a los hechos históricos, por definición, les hace falta siempre la validación del tiempo.Una verdadera marea verde hecha de muchos miles de personas (los juegos de cifras son irrelevantes ante la evidencia) colapsó el centro de Valencia en un gran día en las calles que se encuadra dentro de una huelga –hay que subrayarlo– indefinida. De la protesta se derivan una serie de cosas a apuntar: por un lado, el movimiento de Escola Valenciana es una de las herramientas más potentes con que cuenta la sociedad civil valenciana y es también uno de los movimientos civiles más importantes que hay en los Países Catalanes. Por otro lado, la gran manifestación del viernes no brota de la nada, sino que es el fruto maduro de muchos años (no solo los de esta legislatura) de trabajo continuo de los valencianos para proteger derechos fundamentales como el de la educación pública y el derecho a vivir en la lengua propia. Más: contra los que se permiten afirmar, a menudo desde el prejuicio y el desconocimiento, que el País Valenciano está desmovilizado o perdido, esta manifestación multitudinaria es —hago servir palabras de un tuit de Gustau Muñoz— “una bocanada de aire fresco, alegre, imaginativo, valenciano, cívico, crítico y festivo”. En todo caso, se puede objetar que a esta energía ciudadana le falta una canalización política más eficaz, capaz de ser ganadora en las urnas. Pero esta misma objeción, con las variables que correspondan, la podemos aplicar también a Cataluña y las Baleares. En Cataluña la huelga y las protestas educativas tienen también una gran fuerza y se hacen eco de un malestar antiguo y muy largo, y el escándalo de las infiltraciones policiales ha acabado de cargar de razones a los docentes, si era necesario. En Baleares no hay de momento movilización docente, porque el PP recuerda todavía con temor la marea verde de hace trece años y ha procurado atemperar los ánimos, aunque las agresiones contra la escuela pública y el catalán se siguen produciendo en forma de goteo.En Valencia la demostración de fuerza del viernes sirvió de respuesta a una consellería de Educación y a un gobierno de la Generalitat Valenciana que desde que comenzó esta legislatura han hecho de la hostilidad frontal contra maestros y profesores, contra la escuela pública y contra el valenciano una bandera ideológica. Este lunes deben volver a hablar, pero es dudoso que el Consell de Pérez Llorca, heredero del todavía impune Mazón, sea capaz de hacer algo para rebajar la tensión.