Docentes en huelga en Tàrrega se dirigen a cortar la A-2 esta mañana
06/06/2026
Periodista
3 min

La batalla de la educación tendrá consecuencias nefastas para los alumnos, las familias, los maestros que sostienen la huelga y, sobre todo, para los protagonistas del proceso negociador: por un lado, los sindicatos, desautorizados por la base, y, por otro, el departamento de Educación, que ha visto que sus vaivenes y sus concesiones de última hora no han servido de nada. En resumen, es una batalla en la que pierde todo el mundo. Habrá –eso sí– mejoras laborales para unos servidores públicos que bien que se lo merecen (pero no son los únicos), pero la gran cuestión pendiente, que es la crisis del modelo educativo, continuará a la espera de tiempos mejores, tiempos en que la generosidad y la visión de país se impongan al tacticismo y los intereses de parte.A nivel político, el conflicto ha confirmado la quiebra del relato del gobierno Illa. Nos vendieron buena gestión y rebaja de la tensión, pero quedan lejos los tiempos en que el PSC presumía de haber anestesiado el país. Al contrario, se ha demostrado que los problemas que motivaron, en parte, el auge del soberanismo continúan muy vigentes, aunque de momento no hay un movimiento social capaz de convertir la ira ciudadana en una fuerza de choque. El país está tan enfadado como siempre, pero se le ha privado de un horizonte de cambio y de mejora. Y el enfado empieza a dar oxígeno a los que siempre están a punto para señalar a los más vulnerables, como víctimas pero también como cómplices involuntarios de un modelo productivo que está triturando el contrato social y los factores de cohesión colectiva. Para rematar, el PSC ya no confía en el comodín del PSOE (que es también el comodín anti-PP), porque el futuro de Sánchez se ensombrece por momentos.Este panorama puede animar a los rivales electorales del PSC, pero justamente la crisis educativa debería hacerles ver que el tacticismo, ante los verdaderos retos de país, no es una opción. ERC y CiU ya han sufrido huelgas de maestros, y ambos partidos son cómplices del fracaso del modelo escolar catalán. Corresponde al Govern iniciar el baile de un nuevo pacto nacional por la educación, y corresponde a la oposición –y a los maestros– tener la generosidad de implicarse a fondo sin pensar en sus intereses particulares, sean electorales, ideológicos o corporativos.No sabemos qué pasaría hoy en unas elecciones, pero sí sabemos que la ciudadanía está descontenta. Si la ultraderecha sube, será difícil de evitar una colaboración más estrecha entre las fuerzas centrales del país –PSC, Junts, ERC, Comuns–, con independencia del número de escaños que obtengan. Como ahora mismo todo el mundo está peleado con todo el mundo, es la sociedad civil quien está haciendo propuestas (el Informe Fénix es el ejemplo más claro). Pero, a la larga, las instituciones han de ejercer el liderazgo que les corresponde. Esto no quiere decir solo consenso parlamentario; quiere decir también un proceso constituyente para que se acabe la anormalidad de la vida política catalana, que tiene el teórico líder de la oposición en el exilio, independentistas inhabilitados o pendientes de juicio por culpa de una amnistía que es papel mojado, y todo esto regido por un Estatuto de Autonomía recortado y no refrendado por la ciudadanía.Si el PSC quiere liderar el país y acometer las grandes reformas que cada vez son más urgentes, ahora ya sabe que no lo puede hacer solo. También sabe que sus aliados potenciales son partidos soberanistas o confederalistas –en todo caso, partidos que impugnan el marco constitucional vigente–. Esto se hará aún más evidente cuando el PP y Vox lleguen a la Moncloa. Hacen falta más soberanía y más recursos para afrontar el presente y salvar el futuro. ¿Quién osará oponerse a este lema? Afortunadamente para Salvador Illa, ERC y Junts están demasiado ocupados metiéndose el dedo en el ojo y resolviendo sus contradicciones internas. Algún día, sin embargo, verán el mango de la sartén que tienen delante.

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