Conrad Roset: “Los últimos años lo he ido descubriendo poco a poco y cada vez me gusta más”
El artista se imagina viviendo en Girona cada vez que la visita
Hasta no hace mucho, la relación que Conrad Roset tenía con Girona era esporádica. El artista, ilustrador y director de Nomad Estudio había estado un par de veces, y en la época en que su hermano estudiaba la carrera también había ido para salir de fiesta por las barracas, en las Ferias de Sant Narcís. Aquella Girona no tiene nada que ver con la que ahora disfruta desde hace unos años, ya que van a menudo aprovechando que visitan a la familia de su pareja, en Santa Coloma de Farners: “La he ido descubriendo poco a poco y cada vez me gusta más. Vamos a pasear, a alguna tienda, a cenar… Tiene muchas cosas que me tienen el corazón robado”. Explica que si le preguntan a su hijo Guim a qué lugar de Cataluña quiere ir, seguro que siempre dirá al Nomo, su restaurante preferido, un japonés del barrio viejo. Girona es el lugar preferido de Conrad: “Es bonita y está bien cuidada, culturalmente está viva, pasan cosas”. Habla de los conciertos a los que ha ido en l’Estrenes y el Festivalot o las expos de la Fontana d’Or. También agradece el café de especialidad, que lo aprecia más en esta ciudad donde no hay un local en cada esquina, y pone énfasis en la restauración: “Este año fuimos a El Celler de Can Roca, es una experiencia espectacular”. Otra cosa increíble de la ciudad es su proximidad con el mar y con una serie de pueblecitos románicos que son preciosos, como Monells, Madremanya, Púbol o Peratallada, con una arquitectura, dice, increíble y donde se respira un rollo mediterráneo que le gusta mucho. Roset también ha estado en Girona por trabajo, en charlas sobre videojuegos: “El Game Gi es un programa de incubación de videojuegos que está en El Modern, un antiguo cine. El lugar es fantástico”. Reconoce que en alguna de estas visitas también se plantea la posibilidad de trasladarse allí y se imagina viviendo allí: “Ya hace años que dejamos Barcelona, estamos contentísimos en Terrassa, tenemos más calidad de vida que en la capital, aunque a veces se me queda un poco corta”. Aun así, está convencido de que si se mudaran a Girona les pasaría como a muchos gerundenses, que se quejan de que la ciudad está masificada, pierde su identidad, llena de ciclistas y locales pensados sobre todo para los turistas. Una réplica a pequeña escala de lo que ha pasado en Barcelona. “Seguro que está pasando, pero desde fuera cuesta verlo, todo esto”, asegura.
Las escapadas a Girona suelen improvisarlas. Aparcan y van directos al barrio viejo, donde suelen hacer la misma ruta. Les encanta repetirla, es una especie de ritual que pasa por La 22, una de las librerías históricas o el Zeppelin, clásico del universo infantil lleno de juegos y juguetes. "Es como teletransportarte a un lugar mágico", dice sonriendo.