El lujo

Celebro que el Congreso de Arquitectura haya vuelto a poner la vivienda en el centro: “Declaramos que la vivienda es un derecho, no un mero rendimiento económico. Este derecho no es negociable”,dice la Declaración de Barcelona. Es un lema ambicioso, porque las casas son espacios muy valiosos, es difícil poder pagarlas con el esfuerzo del trabajo, consumen muchos recursos y su producción es central en las economías urbanas. La vivienda se ha convertido en un lujo porque las ciudades han descartado otras maneras de planificar, construir y vivir.El congreso ha contado con la participación de Anne Lacaton y Jean-Philippe Vassal, que probablemente son los arquitectos europeos que más han hecho, a lo largo de su trayectoria, para demostrar que habitar no solo es un derecho, sino que debe ser un placer. Y esto puede costar no mucho más. No es una cuestión de medios, ni de software BIM, ni de precio de ejecución material. Tiene que ver con la ambición de ofrecer los mejores espacios en los barrios donde intervenimos, y requiere observar, proyectar y arriesgar.Tuve a Jean-Philippe Vassal de profesor un año cuando me fui de Erasmus a la Escuela de Arquitectura de Versalles, y tengo un recuerdo nítido y bonito: nunca lo oí pontificar, lo que enseñaba era un razonamiento muy próximo a lo que construía y a lo que ha estado construyendo los últimos veinte años. El curso de Vassal desconcertaba al principio, porque no pedía una solución concreta para un determinado solar. Durante las primeras clases, proponía simplemente que los alumnos fuéramos por la ciudad haciendo fotografías de espacios curiosos, con usos imprevistos. Cuando te dan tanta libertad, se hace muy difícil plantarse ante un aula y explicar un hallazgo personal. Después viajábamos conceptualmente a África, al desierto, o a la plaza Djema-el-Fnaa de Marrakech, para entender qué hace que un espacio sea confortable sin que nadie haya aplicado un diseño o un estilo imitado. Finalmente, el proyecto del curso consistía en proponer un lugar e intervenir en él para mejorarlo. Era difícil, pero hacía con nosotros lo que él planteaba en su despacho: intervenir sin la red de seguridad que dan las normativas y las ordenanzas. Abrir la mirada permite descubrir árboles que forman espacios catedralicios, solo con una cadencia entre los troncos y tales selectivas de las ramas. O, como ellos han hecho con una precisión exquisita, convertir invernaderos en casas fantásticas y económicas.

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Ojalá el congreso sirva para permitir oxigenar el cuerpo normativo. Uno de los referentes de Vassal era el proyecto de viviendas cooperativas del arquitecto Frei Otto en el Tiergarten de Berlín, de 1987. Las Ökohaus son unos apartamentos magníficos construidos a dos velocidades: en primer lugar, el arquitecto dejó una estructura sólida a doble altura, y por otra parte, cada residente pudo hacerse la casa a medida, desde las fachadas, las escaleras y la distribución interior. Qué lujo poder construirse un espacio propio según las ideas de confort de cada uno. En palabras de Vassal, el lujo es poder pensar el espacio con libertad, sin apriorismos. Si un comedor puede ser más grande y más alto, y más luminoso, por el mismo precio que una casa pequeña muy compartimentada, ¿por qué no aspirar a hacer grandes espacios? La auténtica flexibilidad la da el tamaño de las estancias y las infinitas combinaciones entre interiores, exteriores, galerías, porches y terrazas. A los que saben demasiado, el sistema les genera suspicacias; ¿seguro que tanto cristal no será difícil de limpiar? ¿No dará vértigo? Si se crean nuevas galerías, ¿no beneficiarán en exceso a los inquilinos de un bloque respecto a los otros? Por eso me gusta caminar por los lugares con criaturas. Los niños son grandes lectores de los espacios: los entienden enseguida porque perciben los volúmenes, las luces, las alturas, los lugares calientes y los lugares fríos. Y no les da miedo tanta libertad creativa. Callan cuando entran en una nave gótica o juegan allí donde pasa una brisa. Lacaton, Drot y Vassal nunca lo han tenido fácil para hacer la arquitectura que hacen. En Francia también hay exceso de normativa, y también tienen detractores. Pero el lenguaje de sus espacios es muy universal. Arriesgan con propuestas que, de tan lógicas, parecen simples. Y les hizo falta cambiar muchas mentalidades, antes de sacar adelante los proyectos de rehabilitación que han dado la vuelta al mundo.El congreso ha permitido hacer una pregunta importante: ¿a quién servimos, en última instancia, los arquitectos? ¿A quién nos debemos? Durante unos días, los debates han puesto el foco en la ciudadanía, en la quimera de fabricar viviendas asequibles con espacios de lujo para todos, para cada rincón. Si creemos que el debate ha valido la pena, el siguiente paso es saber qué nota ha tomado el Plan 50.000 de todas estas reflexiones. Si la vivienda no es un mero rendimiento económico, ¿estamos dispuestos a invertir un poco más en la calidad de lo que ahora edificamos? ¿Seríamos capaces de tramitar aquí unas casas similares a las Ökohaus de Frei Otto en Berlín o unas rehabilitaciones colosales como las de Lacaton y Vassal en Burdeos?