El malestar docente
Los docentes hacen huelga con el asombroso apoyo de los políticos que han estado rigiendo la educación catalana en los últimos años. Esther Niubó aseguró que esta huelga "requiere todo el apoyo del Govern". El malestar docente es real y está bien que se reconozca. Pero ¿se entiende que no se puede solucionar apuntalando el sistema con tiritas mientras pedimos a la escuela que resuelva todos los problemas que el cambio social va poniendo sobre la mesa? Estos problemas afectan a las relaciones entre la familia y la escuela, el sentido y propósito del conocimiento, el estatus de la autoridad y, en definitiva, el lugar de la escuela en la sociedad.
Los profesores saben lo que les piden los inspectores (aunque tantos jefes, tantos sombreros), pero muchos no acaban de ver las razones pedagógicas de las demandas. Intuyen que la pedagogía en boga ha sido parasitada por un culto a la superstición promovido por ideólogos que saben que hay alumnos porque lo han leído. Más de uno dirá que exagero. ¡Ojalá sea así! Pero los discursos pedagógicos dominantes se muestran a menudo como una especie de religión para tontos.
Se toman medidas educativas por instinto ideológico, obviando los datos científicos y la experiencia docente. Pienso en la instrucción explícita. Décadas de investigación en ciencia cognitiva nos han proporcionado una sólida comprensión de la importancia de gestionar la carga cognitiva de un aprendizaje, secuenciar el contenido de lo simple al complejo, proporcionar ejemplos antes de ir a la práctica, desarrollar hábitos antes de exigir su aplicación, programar actividades de rememoración, etc. Son hallazgos ampliamente reproducidos, pero los gestores educativos prefieren "reimaginar" la escuela con metodologías que, como el aprendizaje por descubrimiento, privilegian a los privilegiados. La capacidad de indagación autónoma no está incluida en nuestro equipamiento de serie. Se conquista con la adquisición sistemática y explícita de conocimientos y habilidades. Exigir independencia en la ignorancia es condenar al alumno a la ignorancia narcisista. La resolución de problemas es obviamente muy importante, pero las exigencias cognitivas que implica interfieren negativamente en el proceso de aprendizaje de los principiantes. El aprendizaje por descubrimiento, como el constructivismo, es una creencia de lujo que favorece a quien parte con ventajas culturales. Pese a las evidencias, insistimos en que el conocimiento debe ser construido, como si tuviera alguna propiedad que le impida ser transmitido. Algo parecido podemos decir del pensamiento crítico, porque no se puede pensar sobre información ausente (sin buena información no se pueden construir razonamientos valiosos), o de la ocurrencia que separa las competencias de los contenidos, porque confunde el aprendizaje del novicio con la conducta del experto.
Los alumnos culturalmente más pobres son quienes resultan más perjudicados por un clima escolar de indisciplina. Un aula ruidosa no es un espacio de aprendizaje. Los alumnos pobres deberían conseguir gratis la disciplina que los ricos compran en las escuelas privadas. Si escucháramos a los padres veríamos que apoyan sistemáticamente una disciplina más estricta que la que practican muchos reformistas. Insistimos en que "estamos educando para trabajos que no existen", pero si visitan una empresa tecnológicamente líder descubrirán que la competencia imprescindible es la autodisciplina, que comienza con la responsabilidad de dejar cada cosa en su sitio.
¿Y qué decir de quién escataina que en el tiempo de Google e IA no hacen falta conocimientos?
¿Y de la sobrevaloración del trabajo escolar en grupo, que fomenta la atomización, premia recortar y pegar y no deja a la experiencia más residuo que el del pasatiempo para la mayoría y el resentimiento para los introvertidos?
¿Y de la relegación de la memoria, cuando es evidente que aprender es recordar a tiempo, que sin modificación de la memoria a largo plazo no ha habido aprendizaje? La memoria no es más que el residuo que deja una experiencia al pasar.
¿Y de la tesis absurda que cada alumno aprende de forma diferente, cuando las formas de aprender son más similares que distintas y gracias a esta similitud somos seres mutuamente comprensibles?
Imaginemos que existen en Cataluña 100.000 docentes. Puedo aceptar que a 10.000 todo esto pueda parecerles una prédica reaccionaria. Pero creo que es compartido, desde lo alto de la campana de Gauss, por el docente 50.001. Y no existe ninguna posibilidad de mejorar la educación sin su complicidad activa, porque las imágenes que el 50.001 proyecta sobre su trabajo son siempre verdaderas en sus consecuencias.