Estos últimos días se ha puesto de moda criticar a Sant Jordi, que, por otra parte, es criticable como cualquier día del año. Lo que pasa es que, tradicionalmente, es uno de los días más esperados por los catalanes, que curiosamente y en general, están de buen humor y salen a la calle para mezclarse entre rosas y libros, una combinación que a mí me parece mucho más acertada que la piña en la pizza. Pero con el paladar de cada uno no nos podemos meter, aunque haya pocas cosas tan asquerosas de comer al mismo tiempo como la piña y la pizza. Pero no nos podemos meter. El caso es que, con la cantidad de cosas que no funcionan, ponerse a criticar el día de Sant Jordi son ganas de hacerse ver, un hecho que, por otra parte, entiendo perfectamente, porque de alguna manera hay que sacar la cabeza entre tanta gente que ocupa espacio, entre tanto escritor y escritora, entre tanto youtuber, influencer o podcaster. Y escucha, que cada uno diga lo que le parezca porque todo el mundo opina también lo que le apetece. Ahora no abriremos el debate entre el exceso de ambas cosas. Y ni el día de Sant Jordi, ni el mundo del libro, y menos aún los santos, son perfectos, pero se me ocurre una lista larga de cosas que hay que eliminar antes que esta festividad. Por cierto, recuerdo que es laborable, y que nadie está obligado a celebrarla. Ni como ciudadano, ni como escritor, ni como florista.
Que Eduardo Mendoza diga que “san Jorge era un maltratador de animales y seguramente no sabía leer” y que haga campaña para echarlo de la fiesta del libro, a mí me hace gracia. Que después se le añada Javier Mariscal con un "ahora que en nada el pobre Pujol nos dejará, ya podemos quitar a San Jorge" todavía me hace más. Como chistes, yo los compro. Como argumentos, quizás se deberían trabajar un poco más para que sean sólidos. Pero reconozcamos que ver a san Jorge como un maltratador de animales y hablar de su posible analfabetismo es una aportación nueva de un caballero a quien nunca hemos visto representado haciendo un club de lectura. Y que si ves al dragón como un animal es posible que también veas unicornios trotando por la calle. Entiendo que a ninguno de los dos se les haya ocurrido hablar del machismo inherente de san Jorge salvando a la princesa, o del aire monárquico de la leyenda. Sinceramente, tampoco espero que dos señores salgan a decir que la princesa ya se podía defender sola o que están en contra de san Jorge porque están en contra de la monarquía. Pero puestos a criticar, que no falten todas las lecturas, que hasta que no aparece la hija del rey el dragón va devorando todo y a todo el que le pasa por delante. Que la bestia no come por necesidad, come por gula, y eso es pecado. Mortal.
No seré yo quien defienda las tradiciones como concepto y tampoco seré yo quien defienda a estos señores ni sus propuestas. Y cuando digo señores también quiero decir Jordi Pujol y san Jorge, el caballero. Pero incluso con la nariz tapada se puede oler un tuf anticatalán, porque cuando conviene somos unos pobres provincianos celebrando cosas, y el día del libro es universal, y todos somos ciudadanos del mundo y bla, bla, bla. Pero insisto, que cada uno se sienta cómodo matando al dragón, la princesa o los escaparates de las librerías y las firmas de quienes escriben. También puedes estar en contra de las rosas porque pinchan. Y quizás no debería ser una flor romántica teniendo en cuenta el peligro que lleva en el tallo. Aunque el amor no es solo un pétalo de terciopelo. Ni San Jorge es el mejor día del año. Pero casi.