Maricarmen no es nombre de serie
Y entonces, nuestro homérico protagonista, perseguido por jueces, acosado por la oposición y abandonado por sus socios, todavía tuvo fuerzas para levantarse y proclamar: “Y yo, Maricarmen, tengo un mensaje para ti: el gobierno está trabajando a contrarreloj para llevar el martes el real decreto ley sobre vivienda, porque no es una cuestión de ideología, es una cuestión de humanidad”.El audiovisual hace tiempo que nos ha enseñado que no hay nada más emocionante que una misión imposible que pende de una cuenta atrás a vida o muerte. Es cuestión de horas que se firme el decreto. El problema es que Maricarmen no es el título de una serie, ni los ciudadanos somos espectadores.En contra de lo que dice el presidente español, la cuestión es de ideología: si solo fuera una cuestión de humanidad el problema ya estaría solucionado. Ya lo creo que es de ideología, desde el momento en que colisionan las leyes del mercado, el derecho a la vivienda, el derecho a la propiedad, la angustia por el final del contrato de alquiler de muchos inquilinos y los ahorros de no pocos pequeños tenedores. Si no, ¿por qué a Pedro Sánchez (como a cualquiera) le cuesta tanto cuadrar el círculo? Atado por sus acuerdos de investidura con derechas e izquierdas, ahora se encuentra con que, a diferencia del consejo bíblico, aquello que firme con la mano derecha lo acabará sabiendo la mano izquierda.Es triste, porque Maricarmen no es la metonimia de una riada sobrevenida o una pandemia inesperada. Hace décadas que la vivienda se ha comido las buenas intenciones de gobiernos de todos los colores. El decreto de este martes podrá, como mucho, parar el golpe. Pero sin negociar, ceder y abandonar la demagogia, Maricarmen continuará tratándose como una serie y no como lo que es: el problema de nuestro tiempo.