Marielle, se ha hecho justicia

El 14 de marzo del 2018, el coche oficial en el que la concejala de Río de Janeiro Marielle Franco viajaba con su jefa de prensa, Fernanda Chaves, y el chófer Anderson Gomes fue interceptado en el centro de la ciudad por otro vehículo, que empezó a disparar contra el coche de la concejala. Marielle, de 38 años, y Anderson, de 39, murieron a consecuencia de los disparos. Fernanda salió milagrosamente viva.

El asesinato de la concejala y del chófer conmocionó a Brasil y al mundo. Marielle era una mujer negra, pobre y de izquierdas que se enfrentó a un sistema corrupto y de grandes diferencias sociales. Denunciaba los abusos policiales y la vulneración sistemática de los derechos humanos. También los grupos paramilitares que actuaban en la zona. Marielle era un faro en un país en el que la injusticia se ha perpetuado durante muchos años. Una mujer valiente y muy querida. Su muerte la convirtió en un símbolo y, desde ese mismo momento, su rostro sonriente ha llenado fachadas, se ha estampado en camisetas y se ha extendido por todas partes con un objetivo: hacer justicia. Saber quién asesinó a la concejala y al conductor. El porqué era prácticamente obvio.

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Ahora, ocho años después, el Tribunal Supremo de Brasil ha sentenciado el caso. Ahora, ocho años después, Marielle y Anderson no están, pero se ha hecho justicia. Los magistrados han concluido, por unanimidad, que el asesinato fue ordenado por João Chiquinho Brazão, ex diputado federal, y su hermano Domingos Brazão, consejero del Tribunal de Cuentas de Río, al que se les ha impuesto una pena de 76 años de cárcel. El expolicía Ronald Paulo Alves ha sido sentenciado a 56 años, el exjefe de la Policía Civil de Río, Rivaldo Barbosa, y el asesor de los Brazão, Robson Calixto Fonseca, a 18 y 9 años, respectivamente. Los magistrados han considerado que queda probado que los Brazão lideraban una banda paramilitar y que ordenaron el asesinato de la Marielle para que la concejala entorpecía sus negocios ilegales. Pero lo más importante de todo es lo que recoge la sentencia del caso, expresado por el juez instructor, Alexandre de Moraes: "Este es un episodio de violencia política de género para frenar a una mujer negra y pobre que se atrevió a confrontar los intereses de hombres blancos y ricos". El mensaje de los asesinos estaba claro. Detener a Marielle y cualquiera que apareciera con las mismas intenciones que ella. Pero el juez añade: "El error de los acusados ​​fue que no previeron la gran repercusión que tendría esa muerte".

Hace ocho años parecía imposible llegar hasta aquí. Pese al clamor popular por resolver el caso, las investigaciones, responsabilidad de la Policía Local, no avanzaban. Su jefe, ahora sentenciado, era el encargado de obstaculizarlas. Casualmente, el asesinato coincidió con el auge de la extrema derecha en Brasil. Casualmente, también, Jair Bolsonaro, que sería desgraciadamente elegido presidente del país en octubre de ese mismo año, había comenzado su carrera política como concejal de Río de Janeiro. Con Bolsonaro en el poder, todo seguía atascado. No fue hasta el nuevo gobierno del presidente Lula da Silva que se decidió que la investigación la llevara la Policía Federal y, a partir de entonces, empezó el camino para encontrar a quienes dieron la orden de matar a Marielle.

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Los amigos y familiares hoy, ocho años después, salen reconciliados. No es poco que la justicia les haya dado la razón. No ha sido en vano durante todos estos años reclamarla. Marielle no se quedó sola ni después de muerta. Al contrario. Y ese es el mensaje. Marielle presente, hoje y siempre!