Interior de la basílica de la Sagrada Familia
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Periodista
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Que el Papa venga personalmente a Barcelona y le hagan bendecir la torre de Jesucristo de la Sagrada Familia en castellano solo tiene una explicación: la Conferencia Episcopal Española (CEE) es primero española y después episcopal.

Aún más: la bendición de la cima de la basílica tendrá lugar el día que hará cien años que murió Antoni Gaudí. Hacerlo en castellano no es solo menospreciar la lengua del país, sino también la memoria de un arquitecto universal que siempre hablaba en catalán, incluso al rey Alfonso XIII, en 1904, en una visita real al templo, que entonces era poca cosa más que la cripta. A Gaudí le insultó la policía el 11 de septiembre de 1924 cuando entraba a la iglesia de Sant Just i Pastor a oír la misa en memoria de los caídos en el asedio de Barcelona de 1714. Lo recogían las crónicas de la época:

–Su profesión le obliga a usted a hablar en castellano –le dijo el policía.

–La profesión de arquitecto me obliga a pagar contribución, y ya la pago, pero no a dejar de hablar mi lengua.

–Si usted no fuera tan viejo le rompería la cara, descarado, cerdo.

Los organizadores del viaje –la CEE– han querido asegurarse de que el momento más mundialmente televisivo del viaje sea en castellano. Este celo no es de ahora: es de siempre. Solo hay que recordar la lamentable secuencia del papa Francisco extrañado de que la bendición en Roma de una virgen de Montserrat la tuviera que hacer en castellano (“¿No tiene que ser en catalán?”).

La comunicación corporativa de la Sagrada Familia se hace en diversas lenguas, pero la primera siempre es el catalán, como corresponde. ¿Pueden los organizadores del viaje a Cataluña sintonizar con el sentido histórico del momento y con la catalanidad del arquitecto que será honrado aquel día? Todavía están a tiempo de no hacer desentonar al Papa en un día tan solemne.

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