Literatura

La huella cultural, sorprendente y poco conocida, de los catalanes en Argentina

'Exilios y escrituras en Buenos Aires', de Montserrat Bacardí, reivindica las figuras más destacadas de la diáspora cultural catalana durante buena parte del siglo XX

La ciudad de Buenos Aires el año 1950. Argentina
25/06/2026
8 min

Barcelona"En este ambiente solitario, en este desierto infinito hoy poblado por hombres de todas las estirpes del mundo, también hacemos pie, a miles, los catalanes (...) Salimos de Barcelona sin tener conciencia de lo que dejamos ni de lo que encontraremos al llegar... y la llegada a la gran urbe de la Plata es triste... para el emigrante". Estas palabras sintetizan la añoranza profunda que sintió, durante años, Enric Martí i Muntaner (Vilanova i la Geltrú, 1889-Buenos Aires, 1954): aunque se marchó a la Argentina a principios del siglo XX con el objetivo de hacer fortuna, solo consiguió sobrevivir en medio de la Pampa durante casi tres décadas, y guiado por el amor a su país –y, sobre todo, a su lengua– emprendió la traducción en verso de un poema emblemático de José Hernández, Martín Fierro (1872), que consiguió publicar en 1936, después de unas cuantas vicisitudes.

"Enric Martí i Muntaner tradujo el Martín Fierro no una, sino dos veces, porque cuando llegó a Buenos Aires en la década de los 30 con el poema acabado tuvo noticia de la reforma del catalán por parte de Pompeu Fabra: entonces se puso de nuevo a ello para ajustarse a la nueva normativa de la lengua", recuerda Montserrat Bacardí (Ciutadilla, 1962), catedrática de la facultad de Traducción e Interpretación de la Universitat Autònoma de Barcelona y autora de biografías como La veritat literària de Teresa Pàmies (Eumo, 2023) y de ensayos como La traducció catalana sota el franquisme (Punctum, 2012). "Este es solo uno de los muchos ejemplos de tenacidad que me encontré durante una estancia de dos meses en la Argentina en 2008", continúa Bacardí, que detalló sus descubrimientos –al mismo tiempo que describía un país que la maravilló, a pesar de la crisis– en un dietario. Se ha decidido a publicarlo ahora por dos razones: "Lo releí por azar el año pasado para recordar cosas del viaje, que ya me quedaba lejos, y me gustó más de lo que esperaba. Más tarde, hablando de ello con una profesora universitaria con la que somos amigas, me animó a darlo a conocer porque hay pocos dietarios escritos por mujeres y aún menos de mujeres que expliquen una investigación en curso".

Los fundadores de 'Ressorgiment': Pío Arias, Hipólito Nadal y Mallol, Manuel Cairol y Francisco Colomer.

La historia del sastre activista

Exilios y escrituras en Buenos Aires (Lleonard Muntaner, 2026) recupera y reivindica "un mundo a punto de perderse" a partir de conversaciones de gran valor con los últimos supervivientes de un legado cultural tan exuberante como desconocido. "La historia de los catalanes en la Argentina comienza mucho antes del exilio a causa de la Guerra Civil", explica Bacardí. Entre los primeros vestigios se encuentran la Associació Catalana de Socors Mutus Montepio de Montserrat (1857) y el Casal Català (1908). "Uno de los miembros más activos de estas entidades fue Hipòlit Nadal i Mallol. Es un ejemplo de constancia, perseverancia y fe increíbles", explica Bacardí. Nacido en 1891 en Port de la Selva, Nadal i Mallol se marchó a Buenos Aires cuando era joven y allí se ganó la vida como sastre. "Cuando acababa la jornada de ocho horas se encerraba en el despacho para empezar una segunda jornada laboral, que era dirigir, escribir y administrar la revista mensual Ressorgiment —continúa la catedrática—. Se dedicó a ella 56 años, desde 1916 hasta 1972, y tanto las cifras como los resultados son impresionantes: publicó 677 números con un total de 10.860 páginas. La revista tenía alrededor de un millar de suscriptores". Mallol escribió también un libro de "recuerdos de infancia y juventud en Cataluña", Algues. Proses salobres (1918) y el opúsculo El meu Francesc Macià (1934). "En Ressorgiment, que es una revista que todavía nadie ha estudiado, y creo que valdría la pena, Nadal i Mallol llegó a firmar textos con una veintena de seudónimos", explica Bacardí. Murió en Buenos Aires en 1978, a los 87 años.

"Otro caso admirable es el de Gràcia Bassa i Rocas [Llofriu, 1883-Buenos Aires, 1961]. Después de casarse con un joven catalán, Joan Llorens, se marcharon a Argentina por razones económicas y consiguieron una cierta prosperidad con una serie de comercios donde vendían un poco de todo", rememora la autora de Exilis i escriptures a Buenos Aires. El matrimonio se instaló en la Pampa. Desde allí, Gràcia Bassa publicó dos libros de poesía "de raíz cristiana y a la vez intimista" y colaboró con "todas las revistas que pudo", desde Ressorgiment a Catalunya (1930-1964), el boletín religioso Virolai (1934-1974) y el semanario político Nación Catalana (1923-1930). "Tiene una obra muy extensa, diseminada en numerosísimas publicaciones, de la cual prácticamente nadie tiene noticia –remarca–. En la década de los 20, además, tradujo una serie de poetas sudamericanas que justo empezaban a despuntar, como Alfonsina Storni, Gabriela Mistral y Juana de Ibarbourou. Tiene un gran valor, que hiciera de antóloga de estas autoras, que entonces conocía poca gente incluso en su lengua". Estas versiones son inéditas, y solo se puede leer algún fragmento, igual que de la obra poética y articulística, en el retrato de una cincuentena de páginas que Bacardí dedicó a la autora, Gràcia Bassa, poeta, periodista y traductora (Ayuntamiento de Palafrugell, 2016), de quien también ha quedado inédito "un libro de recuerdos de gran interés", Els camins de la Pampa argentina, escrito en 1941.

Una imagen de archivo de Gràcia Bassa y Rocas.

Un traductor incansable

"El exilio es un mundo incomprensible que nunca ha dejado de interesarme y que me parece inagotable", reconoce Montserrat Bacardí. Si acabó viajando a Argentina en 2008 fue por la llegada, unos años antes, "de un fondo insospechado" a la facultad de Traducción e Interpretación de la UAB, el de el escritor y traductor Jordi Arbonès (Barcelona, 1929—Buenos Aires, 2001). "Gracias a las gestiones personales del profesor y activista Ramon Piqué, la hija de Arbonès, Glòria, depositó el legado de su padre en la Autònoma en 2001 —recuerda—. Eran cajas y cajas de libros, revistas, libretas, disquetes, mecanuscritos encuadernados... Cada martes por la tarde, y durante varios años, varios profesores nos dedicamos a ordenar todo aquel material".

Arbonès llegó a Buenos Aires en 1956. "Trabajó en diversas editoriales, como Poseidón, haciendo correcciones y traducciones al castellano, hasta que en la década de los 60, a través de Joan Oliver, que en aquellos momentos dirigía Ediciones Proa, empezó a traducir al catalán –explica Bacardí–. A partir de entonces, coincidiendo con el crecimiento de traducciones en nuestra lengua, consideró que se podía ganar la vida con ello". Además de colaborar en revistas como Ressorgiment y Catalunya, de publicar libros de narraciones y ensayos, fue uno de los fundadores de Obra Cultural Catalana (1966) y, siempre desde Buenos Aires, tradujo al catalán durante cuatro décadas un centenar de libros de autores como William Faulkner, Henry James, Jane Austen, D.H. Lawrence, John Steinbeck, Philip Larkin e Isak Dinesen (Males Herbes acaba de recuperar Set contes gòtics).

"Arbonès también dejó un extenso epistolario, del cual todavía quedan volúmenes por aparecer, como el que verá la luz pronto y que recoge las cartas entre Joaquim Mallafrè y él", continúa Bacardí. Desde 2011, en que Punctum publicó la correspondencia entre Manuel de Pedrolo y Jordi Arbonès, se han podido leer siete volúmenes más, en los que Arbonès dialoga con autores como Joaquim Carbó, Francesc Parcerisas y Antoni Clapés. "En los epistolarios queda reflejado el daño que hicieron a Arbonès las críticas a sus traducciones a partir, sobre todo, de la publicación de El malentès del Noucentisme [Proa, 1996], donde Xavier Pericay y Ferran Toutain cargaban contra el modelo de lengua que utilizaba", dice Bacardí.

Jordi Arbonès mientras trabajaba en una de las más de cien novelas que tradujo al catalán.

La importancia del teatro catalán en Buenos Aires

Exilios y escrituras en Buenos Aires también presta atención a algunos de los autores que marcharon de Cataluña a consecuencia de la Guerra Civil. "Aquel exilio político fue de los que hicieron historia –asegura Bacardí–. Muchos de los intelectuales que marcharon tenían claro que debían luchar para mantener vivo el país y la lengua que habían dejado atrás". Entre ellos se encontraba Cèsar-August Jordana (Barcelona, 1893 - Santiago de Chile, 1958), que trabajó doce años en Buenos Aires para la Editorial Sudamericana como traductor, corrector y asesor, mientras escribía El món de Joan Ferrer, que no vio publicada en vida –la primera edición es de 1971–; Joan Bas i Colomer (Mataró, 1908-Òrrius, 1984), que trabajaba de mayorista pero tradujo y escenificó diversas obras de teatro, de autores como Max Frisch y Alexandre Breffort, y Francesc Arnó (Barcelona, 1909-2011), que se ganó la vida en el negocio de las artes gráficas pero que tenía una segunda dedicación.

"Arnó fue otro gran descubrimiento de aquel viaje", recuerda Montserrat Bacardí. El hallazgo tuvo lugar en la biblioteca del piso de arriba del Casal de Catalunya, que había sido fundado en 1941 como resultado de la fusión entre el Centre Català y el Casal Català". Entre aquel "cúmulo de papeles desordenados", acumulados en "un espacio maravilloso y a la vez esperpéntico" que lleva el nombre de Joan Cunill (Barcelona, 1864 - Buenos Aires, 1954) –quien ostenta el mérito de haber recopilado, restaurado, encuadernado e inventariado cientos de obras de teatro representadas antes de la década de los 40 del siglo XX–, Bacardí localizó el mecanoscrito de la obra de teatro El rinoceront, de Eugène Ionesco, que Francesc Arnó había traducido en 1962. "Durante una treintena de años, Arnó se volcó en la dirección del teatro del Casal de Catalunya, y tradujo al catalán, además de Ionesco, Guilherme Figueiredo, Bertold Brecht y Fernando Arrabal. También hizo una adaptación escénica de un cuento de Franz Kafka que tituló Visita a una presó model". De vuelta a Barcelona, Bacardí pudo entrevistar al traductor centenario, y el mismo año de su muerte recogió en un único volumen tres obras de Ionesco, El rinoceront, El rei s'està morint y La lliçó (Punctum, 2011).

"El teatro fue el gran centro de unión de la gente que frecuentaba el Casal de Catalunya. Durante décadas, y hasta los años 90 del siglo XX, se estrenó una obra diferente cada mes", explica Montserrat Bacardí. Dos de los personajes más activos en torno al Casal de Catalunya fueron Joan Rocamora i Cuatrecasas (Barcelona, 1914 - Buenos Aires, 2003), que también intentó sintetizar por escrito cómo era el lugar de donde venía en Libro blanco de Cataluña (1956), e Ignasi Almirall (Badalona, 1923 - Buenos Aires, 2015), que además de conducir el programa de radio en catalán L'Hora Catalana entre 1971 y 1984 actuó en numerosas obras.

Montserrat Bacardí, autora de 'Exilis i escriptures a Buenos Aires', en Barcelona.

Tres figuras cabdales y silenciosas

Argentina aún reservaba una gran sorpresa a la autora de Exilis i escriptures a Buenos Aires: los numerosos encuentros con Fivaller Seras (Buenos Aires, 1930-2009), que en aquellos momentos, a sus 78 años, aún abría diariamente su librería de segunda mano, D'Artagnan. "Seras llevaba la voz cantante de los tres supervivientes fundadores de la Obra Cultural Catalana –dice–. Los otros dos eran Jaume Garriga [Figueres, 1935], químico industrial que hizo mucho trabajo, siempre con una gran discreción, y Eudald Vidal [San Rafael, 1922 - Buenos Aires, 2013], que a pesar de haber nacido en Argentina, donde sus padres habían emigrado, tenía un gran conocimiento del catalán y redactó y corrigió todos los programas de la Obra Cultural durante décadas. A pesar de que Vidal no me dijo cómo se había ganado la vida, acabé sabiendo que había sido un arquitecto reconocido que había sido catedrático en la Universidad de Buenos Aires durante treinta años".

Fivaller Seras ejemplifica a la perfección el trabajo "tenaz y silencioso" de muchos catalanes que contribuyeron a mantener viva la llama de la lengua a miles de kilómetros de su país. Hijo del emigrado Pere Seras, Fivaller tenía en mente "casi un siglo de vida catalana en Argentina". Fivaller Seras "capitaneó la Obra Cultural Catalana durante más de 50 años, entidad que funcionaba sin estatutos, cargos ni cuotas y que organizaba clases de catalán, exposiciones, conferencias, funciones teatrales, proyecciones de películas y muchas otras actividades", sintetiza la autora de Exilis i escriptures a Buenos Aires. "Era un hombre de una modestia radical, una de aquellas figuras que normalmente no salen en los libros —defiende—. Trabajó incansablemente, pero tenía una voluntad firme de no aparecer y de no firmar ningún texto. Esto no quiere decir, claro, que no escribiera". Bacardí pasó todas las mañanas de un mes entero con Seras, entrevistándolo durante largas sesiones para construir, con todo el material que obtuvo, un volumen de memorias. Un año después, mientras Catalans a Buenos Aires. Records de Fivaller Seras (Pagès, 2009) estaba en imprenta, el librero y activista murió a consecuencia de una complicación cardíaca inesperada.

#bookshop1280 { width: 1px; min-width: 100%; } document.addEventListener("DOMContentLoaded", function(event) { iFrameResize({ log: false }, '#bookshop1280'); });
stats