A la mierda

El otro día, en una reunión social (la llaman baby shower y desde entonces no he podido dormir), había una madre con un niño pequeño en el cochecito. Estaba a mi lado, de modo que pude ver cómo miraba, todo desdichado, reels infantiles en el teléfono móvil de ella (un teléfono del tamaño de una rebanada del medio de una hogaza de pan de payés). Para evitarme la visión de la criatura haciendo pasar, con los deditos, ranas perturbadoras con acento de narco, le hice una broma. Las bromas que se hacen a la chiquillería. Entonces la madre me miró, condescendiente, y me dijo: “Serás una buena abuela”. Si mi hija hiciera una broma a la misma criatura o le dijera cosas, la interfecta no le diría: “Serás una buena madre”.

No se sabe si seré una buena abuela o una magnífica bisabuela, pero ¿por qué razón se me ha de otorgar este papel? ¿No puedo ser una mujer que siente un interés especial por los seres menudos y que tiene ganas de interactuar con ellos? Soy más cosas que una futura buena abuela. Seré una buena abuela (en general todo el mundo lo es) según el día. Hablo con el niño porque quiero, porque me da pena que lo tengan atado al cochecito con un teléfono móvil, pero eso no quiere decir que quiera cambiarle los pañales; no quiero que se otorguen el privilegio de colocarme al niño, como si fuera “ley de vida”. Es la primera sensación de edadismo que tengo. Yo no soy solo una cosa. Yo no soy, por encima de todo, una “señora mayor”. Soy escritora, soy aficionada al vino, soy campesina aficionada, soy dueña de tres gatos, soy masovera, soy muy graciosa, soy decoradora aficionada, soy conversadora, soy bailarina, soy amiga de los niños y de los jóvenes, soy sociable, soy insociable, soy coleccionista de libros, de botas de vino, de plantas, y sobre todo soy tan orgullosamente inmadura que no me gusta que me consideren buena abuela avant la lettre. Cuando ahora le digo “hola” a un niño, algunos padres sonríen con ternura y complicidad. Me querrían con delantal mientras ellos se recomiendan series y exageran interesadamente nuestra poca habilidad con los dispositivos (esos dispositivos que siempre dan a los hijos).