El ministro que no ha escuchado pide que le escuchemos
Escucho las explicaciones del ministro Puente y, por más que me interesen, no puedo evitar recibirlas como una letanía lejana que ni me informa ni, todavía menos, me reconforta. Porque el mal ya está hecho. Porque ya ha habido 116 muertos en los trenes españoles este año. Porque desde su primera reacción de señalar al operario del centro de control solo horas después del accidente (señalamiento reforzado por la noche con la filtración de los audios), el ministro ya puede ir dando datos que yo solo escucho como excusas con las cuales intenta quitarse de encima tanta responsabilidad como pueda.
El drama de Puente es haber sido un ministro que ha convertido la comunicación política en la ridiculización del adversario, y ahora, en momentos de comunicación de crisis, no puede esperar mucha compasión de la opinión pública. Puente es el ministro que en el verano de 2024 dijo que “el tren vive en España el mejor momento de su historia”, mientras el servicio de Rodalies perjudicaba cada día la vida de miles de usuarios en nuestro país. Puente es el continuador de los delirios de grandeza de los gobiernos del PP y del PSOE por la alta velocidad, que han confundido cantidad (venga miles de kilómetros, venga millones de pasajeros) con calidad del servicio. El ministro pide que escuchemos sus razones cuando no ha escuchado nunca el malestar de la gente. Que Pedro Sánchez mantenga la confianza en el ministro, cuando el mismo presidente admite que la confianza en el servicio ferroviario ha quebrado, no se explica en un presidente con un olfato tan fino para husmear estados de ánimo.
Una vez más, tiene que ser un accidente brutal el que nos recuerde la dimensión pedagógica que tiene la política. Y la necesidad de relacionarnos con los otros con respeto. Porque cuando la norma es el menosprecio, ¿a qué reflexión colectiva quieres convocar a la gente?