Motossierras catalanas

En poco tiempo, el ascenso de la extrema derecha en Catalunya ha pasado de ser una fantasía catastrofista a reflejarse en un 24% de intención de voto en una encuesta en La Vanguardia. Es curioso, porque también en esto la política catalana se había injertado de la española: España era el país en el que durante mucho tiempo los analistas afirmaban que curiosamente no existía la extrema derecha. "Después de cuarenta años de dictadura franquista, España quedó vacunada", afirmaban algunos, sin rastro de ironía. En realidad, entonces ya era visible para quien quisiera ver que una parte sustantiva de la extrema derecha española vivía enquistada dentro del Partido Popular (otra parte estaba fuera, esto es cierto) hasta que se desmarcó creando partidos propios: Ciudadanos, primero, y después, Vox. Lo que no quita que dentro del PP no siga existiendo sectores de extrema derecha que, de hecho, son los que marcan la agenda y el discurso del siempre desnortado Feijóo y de su cúpula.

En Catalunya tampoco había extrema derecha, según algunos, debido principalmente a su condición de país perseguido y apaleado. "Encima, ahora también nos dicen de extrema derecha", ha sido y es un llanto que gusta al independentismo más victimista. Según estas voces, hablar de extrema derecha en Catalunya era una táctica oscura de la izquierda españolista. La izquierda españolista chapucera existe, pero eso no quita que también exista la extrema derecha independentista, y aquí la tenemos, viviendo días de grandes esperanzas. Se alimenta principalmente del electorado de Junts, como Vox lo hace de los votos del PP. También hay voto de extrema derecha (en un porcentaje bastante más reducido, pero existe) que procede del centroizquierda o incluso de las izquierdas anticapitalistas. Vox puede arañar votos en el PSOE y también en Podemos; Aliança Catalana puede tomar de ERC y también de Podemos o de la CUP. Todo es posible. Pero, en todo caso, la principal fuente de alimentación de las extremas derechas europeas viene con toda claridad de los espacios de derecha y centroderecha tradicionales. Es por eso que en los países europeos con una tradición democrática más sólida, estos partidos (Rénaissance en Francia, CDU en Alemania, los tories ingleses) practican la política del cordón sanitario contra las respectivas extremas derechas.

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Avisar del ascenso de la extrema derecha en Catalunya no es, o no debería ser, otra forma de señalar a culpables, sino la primera pasa por entender un problema, que es aceptar que existe. La extrema derecha sube a Cataluña, ya los Países Catalanes, por los mismos motivos que en todas partes: grandes llegadas de inmigración con los cambios demográficos subsiguientes (y, por tanto, con problemas de convivencia, racismo, xenofobia, supremacismo) y el debilitamiento de la sociedad del bienestar, de las clases medias y de las clases medias respecto a los derechos laborales en particular y los derechos civiles en general. Que los ultras proclamen en cada punto su patriotismo suele ser, también, una forma bastante inequívoca de identificarlos.