“No seáis rencorosos”
En su desesperación por obtener los apoyos que le permitan echar a Pedro Sánchez de la Moncloa, el Partido Popular ahora hace su particular tites, tites a Junts. Los dirigentes del PP son conscientes de que su política con relación a Cataluña ha consistido no tan solo en un ultranacionalismo frontal (enriquecido con la energía radiactiva de Vox, socio y, de hecho, escisión del mismo PP), sino también en un populismo catalanófobo que es profundamente divisivo y, a menudo, directamente guerracivilista. Conscientes de que no acaban de ser credenciales muy buenas para pedir los votos de Junts, han decidido acogerse a la amnesia selectiva. El mantra es mirar al futuro y no “al pasado”, un lugar remoto que, en el PP, sitúan entre los años 2017 y 2018. Así lo han dicho y repetido estos días el portavoz “malo” y el “bueno” —el viscoso Miguel Tellado y el lobo con piel de cordero Borja Sémper— y también el curioso antilíder Núñez Feijóo, del todo metido en su papel de un hombre que no encuentra sus gafas. “No pensamos en la Cataluña del 2018, sino en la del 2026 y más allá”, han dicho. Los barcos de piolins, las hostias salvajes de la jauría policial del 1 de Octubre, el “más dura será la caída” del fiscal Maza, la aprobación del 155 y el desmantelamiento de las instituciones de autogobierno catalanas una mañana en el Senado, el juicio-farsa contra los líderes del Procés, con Rajoy y varios ministros y altos cargos —así como decenas de policías— dando falso testimonio, la persecución policial y judicial contra independentistas catalanes; todo esto era, según Sémper, “la posición útil y razonable que debe tener un partido de estado”.Es oportuno, de todas formas, que el PP proponga este ejercicio de desmemoria interesada justo cuando se cumplen veinte años de la aprobación del Estatut. ¡Qué tiempos! Eso ya debe ser la prehistoria, pero los viejos de la zona aún recordamos las mesas petitorias del PP por toda España pidiendo “una firmita contra los catalanes”, las acusaciones —ya entonces— de golpismo y terrorismo, alguna llamada no muy soterrada a la intervención militar, una avalancha de insultos y de fakes xenófobos y supremacistas contra “los catalanes” desde los medios de comunicación controlados por la derecha española y, no hace falta decirlo, la querella al Constitucional que se resolvió con la sentencia que laminó un Estatut votado por los ciudadanos y refrendado por el Parlament de Catalunya y las Cortes españolas, en un verdadero —este sí— golpe de estado judicial que aún hoy continúa con todo el ruido y la furia que conocemos bien.En resumen, el discurso del odio del PP contra Cataluña y todo lo que tiene que ver con ella tiene unas raíces un poco antiguas y es un poco difícil de disimular solo porque ahora estén dispuestos a hacer literalmente lo que sea por los votos de Junts. Por parte catalana, es urgente deshacerse de la gilipollez (la dijera Josep Pla o quien fuera) según la cual no hay nada más parecido a un español de derechas que un español de izquierdas. Es una broma para desahogarse en una sobremesa, pero sobre todo es un bumerán que siempre vuelve y que hace un surco cada vez más profundo.