Nuevos misterios de Montserrat

¿Qué debemos hacer de la muerte? La vivimos a flor de piel. En las noticias es una constante. Ucrania, Gaza... y más cerca. Tiene la cara trágica –guerras y desastres climáticos– y la cara cotidiana –vejez, enfermedades–. Nos va a llegar a todos. Es algo natural, hermanado con el misterio de la vida. Esto rumio mientras, superado el ruido del milenario, subo a Montserrat, donde se me hace más presente esta conexión a tres bandas: naturaleza, vida y muerte. Mil años de historia, de historias humanas enlazadas, como si nos fuéramos pasando la antorcha, con el roquedal caprichoso e imponente como testigo.

¿Qué quiero decir? Que la manifestación del misterio de la vida y la muerte –dígale azar, dígale divinidad, dígale sutil y enigmático novio de nada– es lo que nos hace libres, es lo que nos empuja a buscar un sentido, a dar un sentido a lo que hacemos ya lo que somos, a pensar el legado –material o inmaterial–.

Cargando
No hay anuncios

El monasterio está lleno de donaciones, de legados materiales e inmateriales. Con medio millón de ejemplares, tiene la segunda mayor biblioteca de Cataluña. Bien acompañado (gracias, Àngels Rius), me entretengo una mañana. Nos detenemos en una pequeña habitación donde se conserva una colección de 1.500 mapas históricos de Barcelona, ​​del siglo XVI hasta el XX, dada no hace tanto, en el 2018, por el matrimonio de Josep Gasset y Pilar Marcet. No tuvieron hijos. Ella todavía está viva, una danza fabulosa, con la que tuve el gusto de trabajar hace muchos años. El conjunto está por catalogar y digitalizar. ¿Cuándo? ¿Quién lo pagará? Éste es un misterio un poco más prosaico... En la biblioteca echo de menos a los padres Raguer y Massot, sabios añorados.

El museo es una pequeña gran joya, con obras que van desde el Antiguo Egipto (el legado del monje Bonaventura Ubach) hasta la contemporaneidad más rabiosa, con especial atención al Novecentismo (Obiols como protagonista), y una despedida en la que no faltan Picasso, Dalí. La visita vale mucho la pena. No ha sido la primera ni será la última. El arte siempre será un misterio.

Cargando
No hay anuncios

Montserrat es garantía de continuidad, de permanencia, de ahí que sean tantas las personas que hagan dejas. Es la ilusión de la perdurabilidad. Conserva huellas muy diversas, con mensajes esparcidos por los caminos. En un paseo, me ha sorprendido encontrar una estatua del fundador del Opus, Escrivá de Balaguer, inaugurada hace apenas dos años. Mientras los papas Francisco y León van arrinconando la orden en cuestión, Montserrat la acoge y la inmortaliza. Otro misterio, éste de carácter político-religioso.

Por la noche, la basílica se medio llena de la gente que hará noche en las celdas para presenciar un espectáculo de música y luz que supongo que es heredado de las celebraciones del milenario. No tiene nada mágico. Le falta ritmo, le sobra efectismo. Después, nadie aplaude. No hay misterio. Es mucho mejor el espectáculo nocturno que te encuentras en la salida, a la luz de la luna: la grandiosidad celestial por encima de la montaña aserrada. Naturaleza, vida y muerte. Sueño de eternidad.

Cargando
No hay anuncios

Bajar de la montaña es volver a meterte en la trepidante vorágine mundana. Se acabó el paréntesis espiritual. El tiempo vuelve a acelerarse. El ínclito y esperpéntico Tejero, 93 años, muere el día en que se desclasifican los documentos de su casposo golpe de estado. Trump y Putin, encarnación de un colpismo siglo XXI, no se detienen. Su carencia de sentido de misterio es escalofriante. Ya nos la desveló Hannah Arendt: la banalidad del mal.

Una muerte cercana me viene a turbar, la de Josep Maria Romaní i Bueno, también de 93 años, arquitecto, padre de Daniel, amigo y compañero del diario. ¿Qué legado nos deja? Según Bernat, otro de los siete hijos, tres frases recurrentes: "Las montañas seguirán en el mismo sitio" (por tanto, si quieres alcanzar la cima, prudencia y perseverancia); "¿qué proyectos tienes?" (acción y sentido, esto es hacer la cima), y "tengamos una conversación edificante" (claro, era arquitecto y hombre de bien).

Cargando
No hay anuncios

Montserrat seguirá en el mismo lugar por los siglos de los siglos, amén.