Examen de selectividad (PAU) en el Campus de la Ciutadella de Barcelona, el 9 de junio.
10/06/2026
Exrector de la UPF y miembro de la IEC
4 min

¿Con qué moral escribe un artículo como este uno de los antiguos responsables de las PAU, las Pruebas de Acceso a la Universidad, que se han convertido en la estupidez principal del sistema educativo? Una aclaración inicial, sin embargo, respecto a las funciones que tienen:1) Poner por orden en una sola fila la totalidad de los estudiantes que han acabado sus estudios de bachillerato o equivalentes y que aspiran a los estudios universitarios.2) Controlar que los centros preuniversitarios que se han ocupado de estos estudiantes (en general, institutos, centros concertados y centros privados que ofrecen estudios de bachillerato o ciclos homologados con el bachillerato) evalúen razonablemente a sus estudiantes.Respecto a la primera función, se trata de una realidad efectiva y palpable. Se ponen en una sola lista la totalidad de los candidatos y se van atribuyendo las plazas a los centros universitarios. Pero también hay que aclarar que la nota de bachillerato que han obtenido los estudiantes en su escuela es el factor determinante de la calificación final. Forma parte del deshonor del tema PAU la invención ex post de sumar a la nota de acceso ciertas asignaturas optativas del bachillerato colocadas sin una verdadera discusión académica con valores diferentes según los estudios a los que aspiran los estudiantes. Así, para las universidades de Madrid, por ejemplo, las materias de Humanidades ponderan para la Psicología; para las catalanas, no. Recordemos que la sofisticación de los epiciclos mantuvo el Sol girando alrededor de la Tierra durante un montón de siglos, tal como habría querido Ptolomeo y como prefería efectivamente el Papa.Respecto a la segunda función (la igualación de criterios para las notas), no la discutiría si fuera considerada verdaderamente. Pero, o bien es información esotérica que quizás conserva la Generalitat, o bien simplemente nadie la tiene en cuenta. Sin embargo, mi opinión es que aumentarle el peso es la clave de una alternativa sencilla al método de las PAU.

Vamos, por consiguiente, a la crítica de la primera y, por ahora, única función. La sociedad ha aceptado el enorme tinglado de las PAU. Ha depositado su confianza para resolver una pregunta fundamental: ¿quién nos garantiza una selección equitativa de los candidatos a las plazas de esta escuela famosa, que han quedado justas y muy solicitadas? Esencialmente, las PAU hacen, en el imaginario social, esta función concreta.Ahora bien, ¿la tiranía de verdad? Pienso que no y que ni se le acercan. La función demandada y no discutida ya la hacen los centros de bachillerato. La hace el peso del 60% de la nota que llevan los estudiantes de su escuela y el empuje que obtienen para afrontar este final feliz de los estudios de bachillerato que son las PAU. No digo despectivamente tinglado, sino que me refiero con la palabra más expresiva al inmenso lío de actividades, desplazamientos, gastos, sufrimiento de estudiantes y profesores, organización del bachillerato por todas partes (que no es poca cosa), estructura del departamento correspondiente del gobierno, movimiento formidable de personas durante tres días plenos de exámenes innecesarios o muy poco determinantes que comportan estas pruebas cada verano.Hace unos treinta años, cuando la llamada masificación de la universidad ya se había desatado, un grupo muy reducido hacía rodar un sistema de acceso perfectamente razonable. Hoy, la consulta en internet del organigrama de la Generalitat actual sobre el tema pone la piel de gallina, además de provocar intensamente el miedo al laberinto. Es proverbial que, incluso durante la pandemia, se pusieron en riesgo los estudiantes, con sus acompañantes profesores y sus familias, haciéndoles cumplir innecesariamente con la totalidad de los seis o siete exámenes previstos para las sagradas PAU 2021 en aulas abarrotadas durante las horas correspondientes.

No costaría mucho estudiar conjuntamente con las escuelas un lenguaje común en términos, no de notas del centro, ya que cada centro debe ser tan original e independiente como se sienta capaz de defender, sino de notas para la universidad. Las universidades aportarían también algún criterio, alguna pequeña entrevista, quizás. Y cada estudiante tendría su salvoconducto y la información para elegir estudios de grado de su gusto, dentro de un marco de aspiraciones que no tienen un verdadero sentido hasta que no se entra bien dentro de los estudios universitarios. No haría falta el enorme desplazamiento de tierras en que se ha convertido, lejos de la vida propiamente universitaria, el rascacielos de las PAU. El sufrimiento inútil y el trabajo innecesario deberían estar prohibidos. Que los centros aporten su información de una manera inteligible para las universidades. Son ellos quienes conocen el talento y las cualidades de sus estudiantes. Basta con esto y no es muy diferente de lo que ya acontece a pesar del palo tremendo de las PAU al final de todo.Estos exámenes inútiles se han impuesto en nuestra vida. Un monstruo casi cómico. Dicho y hecho: las PAU no son sino un ejemplo de conformismo social y político con la burocracia, basada como siempre en el absurdo de una causa equivocada, hipertrofiada, y de una pereza grande, escandalosa, de pensar seriamente la misión de la universidad. Lo diré por vicio personal: una servidumbre voluntaria de la gente y una obediencia pasiva de los responsables a la falsa tranquilidad que suelen perseguir. No se quejan, pues no nos complicamos... ¿Cómo podríamos imaginarnos el acceso a las escuelas superiores, como se decía antes, con acierto y sin lágrimas? Quizás vale la pena volvérselo a preguntar en favor de la salud de un sistema que tendría suficiente con un par de puertas de entrada a cada universidad y que, en cambio, divide a los estudiantes desde el primer día hacia los cientos de puertas particulares de las cientos de titulaciones de grado, y les obliga a decidir prematuramente, cuando todavía les falta mucho para conocer desde dentro las universidades, cuál será el camino de su vida profesional. Teniendo en cuenta cómo se mueve el saber en el presente que se han encontrado, esta no es la estupidez más pequeña que explica la naturaleza monstruosa de las PAU que hemos dejado crecer mal desde hace ya demasiado tiempo.

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