Isabel Díaz Ayuso y José Luís Martínez-Almeida en la celebración de la Virgen de la Paloma madrileña.
16/08/2026 - 17:03 h.
Subdirector y delegado en Madrid
2 min

BarcelonaCuando ya empezaba a preocuparme por si no encontraba buena mercancía para empezar mi turno veraniego en sustitución de Àlex Gutiérrez, me topé con una pieza que, por sí sola, serviría para escribir una semana entera de Pareu màquines (tranquilos, no lo haré). Se trata de una pieza del suplemento Yo Dona, de El Mundo, titulada así: “Isabel Díaz Ayuso lleva a La Paloma su vestido fetiche del verano: escotazos y aberturas en la cintura para enseñar los abdominales” . De verdad que no sé ni por dónde empezar.

Lo primero que llama la atención es que Ayuso es tratada como una celebrity, y no como una servidora pública, aunque sea en actos oficiales. Y en este caso incluso iba acompañada del alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida. La periodista Arancha Navarro nos informa que el modelo en cuestión “ tiene un corte cut out que sirve para mostrar de forma discreta sus abdominales y que ayuda a definir la cintura y crear una bonita figura” (la cursiva es mía).

Dudas deontológicas

Y ahora las preguntas. ¿Por qué no se comenta igual el traje y la figura de Martínez-Almeida? ¿Por qué se hace con Ayuso y no con otras políticas mujeres con cuerpos no normativos? ¿Es imprescindible el tono empalagoso y laudatorio por parte de un diario que recibe suculentas sumas de dinero de la Comunidad de Madrid? ¿Qué diría El Mundo si El País hiciera una pieza similar alabando los abdominales de, por ejemplo, Begoña Gómez?

Y ahora la tesis: esta pieza se hace con Ayuso porque no es una política normal, es una especie de icono pop de la derecha, y a los iconos pop ni se les cuestiona ni se les molesta nunca; solo se les alaba y se les bendice. Es una categoría a la que muy pocos políticos llegan. Donald Trump es un ejemplo claro, pero yo recuerdo que no hace tanto tiempo en Valencia se podían comprar figuritas de la alcaldesa Rita Barberá como souvenir. Hasta que se acabó la broma.

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